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Leonardo Moledo, maestro

10 de abril: Día de la Ciencia y la Tecnología y del investigador científico

Por Carolina Betique*

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Moledo: “La ciencia es un gran relato que el hombre se cuenta a sí mismo sobre el mundo y que el mundo le cuenta al hombre sobre él” [Fotografía: Revista Cabal]

Leonardo Moledo fue comunicador y apasionado de la ciencia. Dictó Problemática de la Ciencia y Periodismo Científico en la carrera de Comunicación Social de la FCEDU desde mediados de la década de 1980 hasta 2000.

Era licenciado en Matemáticas por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y había estudiado Historia en la misma institución. Tenía una vasta cultura general que puso al servicio de los cuentos, novelas, obras de teatro y libros de divulgación científica que escribió. Entre otros textos, es autor de “Curiosidades del Planeta Tierra”; “De las tortugas a las estrellas”; e “Historia de las ideas científicas”. Además, fue columnista de radio, guionista de televisión y editor del suplemento de un periódico. Trabajó también en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y dirigió durante siete años el Planetario de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

En una publicación de 1994, el profesor indicó: “Mientras el universo se expande y crece, aquí sobre la Tierra, las generaciones se suceden unas a otras, con su anhelo de razón y conocimiento”. Murió el 9 de agosto de 2014. No obstante, sus enseñanzas y motivaciones siguen vivas en quienes alguna vez fueron sus alumnos. Una de ellos y actual titular de Problemática de la Ciencia, Carina Cortassa compartió sus recuerdos de quien la precedió en el cargo.

 

— ¿Cómo era Moledo?

— Muy imprevisible. Costaba identificar cuándo hablaba en serio porque recurría mucho a la ironía. Sin embargo, uno podía aprender de él constantemente. Era muy frontal y no decía nada que no estuviera en condiciones de respaldar con fundamentos sólidos. No era políticamente correcto y demostraba con sus actos que los prejuicios no le preocupaban. Por caso, viajaba desde Buenos Aires para dar clases en nuestra Facultad y traía consigo su almohada, ya que en el tiempo libre entre sus materias tenía por costumbre dormir en la Sala de Profesores.

— ¿Usted se considera su discípula?

— Sí, mi relación con él fue de Telémaco a Méntor —señala en alusión a dos personajes de La Odisea—. Dirigió mi tesis de grado pero, sobre todo, fue quien definió el rumbo de mi carrera académica. Cursé Problemática de la Ciencia en 1993, al año siguiente me incorporé a la cátedra como ayudante y en 1996, luego de graduarme, asumí como auxiliar docente. Trabajamos juntos durante cuatro ciclos más y después quedé al frente de la asignatura. Mientras él ejerció la titularidad yo me sentí una eterna alumna.

— ¿Qué recuerdos tiene de esas clases?

— Eran sesiones maratónicas, algunas llegaron a durar siete horas. Leonardo era incapaz de abordar un tema desapasionadamente. Traía a colación fenómenos artísticos, políticos y astronómicos para reforzar sus exposiciones y fomentar reflexiones críticas. Al principio, esa pedagogía me resultaba desconcertante. Como dos de mis compañeras percibían lo mismo, consultamos a Sergio Caletti, amigo de este señor tan raro al que no sabíamos cómo seguirle el tren. “Agárrenlo por el lado de la literatura”, nos recomendó. Así, logramos comprender mejor los argumentos que se desarrollaban y disfrutar de cada encuentro.

— Al dirigirse a estudiantes de Comunicación Social, ¿cómo presentaba Moledo a la ciencia?

— Enfatizaba que se trata de un producto cultural. Uno de sus grandes fantasmas era la desvinculación entre disciplinas humanistas y duras. Aclaraba que tal separación es una falacia, aunque sea corriente encontrar sociólogos que miran con pavor operaciones químicas e ingenieros que rechazan de antemano obras de ficción. “Las fórmulas matemáticas se leen”, remarcaba. Los procesos y acontecimientos de cualquier época están necesariamente atravesados por los avances científicos y tecnológicos. Lo mismo al revés: las posibilidades de surgimiento y aceptación de un conocimiento están determinados por las características de la sociedad que lo enmarca.

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Ilustración en homenaje a Moledo – Planetario de la Ciudad de Buenos Aires (2015)

Si a principios de 1600 alguien hubiese planteado la Teoría de la Relatividad, esa persona habría sido encerrada en el manicomio, aseguró el matemático en una entrevista que le realizaron en 2014 y está colgada en su blog oficial. El ejemplo da cuenta de su postura sobre la relación entre saber y contexto. Advirtió que la parcelación de esferas intelectuales genera una situación difícil para el divulgador que, mediante herramientas literarias, debe hacer públicos los avances. Si los experimentos no se difunden, no hay forma de reproducirlos y legitimar descubrimientos. “La ciencia existe si se comunica; si no, no existe”, subrayó.

— Moledo sostenía que “la divulgación es la continuación de la ciencia por otros medios”, ¿qué implicancias tiene ello?

— Esa era una de sus grandes frases y fue utilizada como lema en el V Congreso Internacional de Comunicación Pública de la Ciencia que tuvo lugar en nuestra Facultad en 2015. Él estaba convencido de que las multitudes deben apropiarse de lo que se produce en los centros de investigación. No le interesaba tanto que la gente entendiera razonamientos y procedimientos específicos, sino que buscaba que se conocieran el trabajo y las motivaciones que hay detrás de ellos. Toda su obra divulgativa tiene esa perspectiva. Pionero en la Argentina, supo dar cuenta de teoremas y descubrimientos a través de narrativas atrapantes y referencias cotidianas.

— ¿Considera que la ciudadanía valora la ciencia y la circulación de sus conocimientos?

— Menos de lo que uno quisiera. Lo ideal sería que todos se preocuparan por tomar decisiones sensatas para sus vidas y cuestionaran políticas y métodos científicos. Pero la realidad no nos desalienta, nos mueve a seguir esforzándonos en la divulgación. Hoy hay un boom editorial que 40 años atrás era impensado y existe una creciente profesionalización. En ese sentido, las licenciaturas en Comunicación Social de la UNER y de la UBA fueron precursoras en incorporar materias de Periodismo Científico en sus programas académicos. Ello, actualmente se está replicando en ofertas educativas a nivel nacional.

— ¿Qué significó institucionalmente el que Moledo haya dictado clases en la FCEDU?

Fue una apuesta muy acertada. A él, como a otros referentes del incipiente campo de la comunicación, lo convocaron cuando se implementó el Plan de Estudios de 1985. Tras la dictadura militar, era oportuno y necesario fortalecer las universidades. Se constituyeron entonces equipos de cátedra con figuras destacadas en distintas disciplinas. Tales grupos llevaron adelante un trabajo de formación de recursos humanos muy importante. Así, muchos de los que estudiamos e investigamos con esos docentes estamos a cargo del dictado de materias.

— Si tuviera la posibilidad de regalarle algo al profesor, ¿qué sería y cómo cree que él reaccionaria?

— Una manzana, que es lo que se le lleva a un maestro. No me diría nada.

 

Ventana a su obra


La ciencia es una aventura, ya que nunca se sabe qué va a pasar, qué deparará la próxima estrella; la ciencia se alimenta no de la certeza sino de la compulsión y la duda. Y la duda es riesgo y riqueza: nos lleva a pensar las cosas, aun las que parecen más seguras, desde un lugar que no es el conocido, común y confortable, y a afrontar el peligro de la incoherencia, del error y del ridículo (…) además de ser una aventura, y una aventura estética, la ciencia es una aventura tuya. Los resultados del conocimiento humano son tuyos: porque la ciencia no es el frío producto de manipulaciones o cavilaciones de laboratorio. La ciencia es una empresa humana, colectivamente humana (…).

Prólogo de “De las tortugas a las estrellas…” 

 

 

Sobre el profesor

Días después de la muerte de Moledo, Fernando Segovia escribió la siguiente semblanza desde su experiencia como alumno:

“ME ACUERDO DE QUE…

Venía una vez cada quince días y consignaba lecturas para la próxima clase, pero siguen siendo lecturas para toda la vida. Su materia llevaba el presuntuoso nombre de Problemática de la Ciencia pero nosotros simplemente la conocíamos como Moledo y todavía la recordamos así.

Cultivaba el perfil que Hollywood creó para los hombres de ciencia: una rara inadecuación a las situaciones más simples de la vida cotidiana y el típico desaliño indumentario. Podía explicar con naturalidad la diferencia entre fusión y fisión y el motivo por el que el sol no se apagaría sino dentro de varios millones de años, pero se perdía en los para nada complejos pasillos de la Facultad y deambulaba en busca del hotel asignado para pasar esa única noche en Paraná. Viajaba con una desvencijada mochila llena de libros y alguna vez oí un comentario acerca del terror compulsivo que le producían las estaciones de ferrocarril.

Los extensos trabajos prácticos que ordenaba eran leídos a conciencia y los comentaba uno a uno en el momento de su devolución. No obstante nunca puso una nota.

En la tábula gratulatoria de mi tesis de grado de la licenciatura en comunicación social agradecí a los maestros que me enseñaron a emocionarme frente a un texto, me obligaron a mantener diálogos inteligentes y me indujeron a no tomarme demasiado en serio. Hoy, a 22 años de aquellos días, afirmo que Leonardo Moledo fue uno de esos pocos maestros…”

 

Textos de Leonardo Moledo disponibles en Biblioteca
Moledo, L. (1994). De las tortugas a las estrellas: Una introducción a la ciencia. A-Z Editora: Buenos Aires.
Moledo, L. (1991). Tela de Juicio. Cántaro: Buenos Aires.
Moledo, L. (1996). Dioses y demonios en el átomo: De los rayos X a la bomba atómica. Sudamericana: Buenos Aires.

 

*Carolina Betique – Estudiante avanzada de Comunicación Social. Producción realizada en el marco de su práctica curricular.
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