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8M: Y ahora que sí nos ven

El Paro Internacional de Mujeres que tiene lugar este 8 de marzo en más de 50 países por segundo año consecutivo, señala una fecha que el movimiento de mujeres ha logrado instalar –en los últimos años con renovada fuerza–, disputándole al mercado los sentidos históricos que la configuraron desde 1910 como Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Se trata de una fecha que, lejos de reclamar regalos, pone sobre la mesa lo que sucede todos los días del año: la desigualdad de género.

El movimiento de mujeres en Argentina reviste una serie de particularidades: se trata del único país donde existe un encuentro anual y masivo como es el Encuentro Nacional de Mujeres, desde hace 32 años; y es el epicentro donde nació, en 2015, la marcha y la consigna #NiUnaMenos, expandida a nivel mundial como un grito de las calles y de las redes sociales. Además, resuena como un antecedente más que especial, esa primera ronda de mujeres en la plaza: la propia organización de las Madres de Plaza de Mayo.

 

Rastreando el camino del feminismo en Paraná

Cristina Schwab – Imagen de Cira Monge

Las diferentes etapas del desarrollo del feminismo son identificadas con la imagen de una ola. Según Cristina Schwab, comunicadora graduada de la FCEDU e integrante de la Asamblea Participativa de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans de Paraná, se trata de una metáfora de esos particulares “pisos de acuerdo que se alcanzan, se rompen y se vuelven a formar” en el devenir histórico.

Tres olas son las que contamos hasta hoy en la historia feminista occidental. Sin embargo, es posible pensar que, en América Latina, la formación de esas olas ha respondido a otras temporalidades y a otros acuerdos, que no son los europeos. Las sufragistas, en Argentina, empezaron a exigir el reconocimiento como ciudadanas a principios del siglo XX, pero las mujeres lograron votar recién a mediados de siglo y siguieron controladas por tutelas conyugales y del Estado durante varias décadas –la ley de patria potestad es de 1985 y la de divorcio de 1987–, incluso, hasta nuestros días –pues las mujeres son penalizadas por abortar.

Cuando Simone de Beauviour escribió en Francia que una no nace mujer sino que se hace, comenzaba en nuestro país una seguidilla de dictaduras que desembocó en la desaparición y asesinato de una generación militante entera y en un proceso cultural de fuerte represión sobre los cuerpos. Habría que esperar, entonces, al retorno de la democracia: “Cuando empiezan los Encuentros de Mujeres en Argentina, en 1986, se da un encuentro literal de mujeres que empiezan a pensarse y a decir ésto que dábamos por sentado que era así, no lo es“, subraya Cristina.

Adriana Vallejos, Marta Aguilar, Meyde Schumann, Lucy del Mestre, Gladys Benítez -conocida como Choli- Silvia Reula son algunas de las mujeres paranaenses que empezaron a participar de esos encuentros, tempranamente, y a deconstruir sus ideas sobre qué era ser mujeres. A partir de allí, sobre todo, tras el Encuentro Nacional de Rosario en 1989, surgiría Las Alfonsinas, la primera de las agrupaciones feministas locales –al menos de las contemporáneas– y CLADEM Entre Ríos, enlace provincial del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de las Mujeres coordinado por Silvia Reula hasta 1995.

En los partidos políticos, mientras tanto, empezaba a discutirse sobre el cupo femenino. Precisamente, la ley nacional aprobada el 6 de noviembre de 1991, que establecía un piso mínimo del 30% de participación femenina en las listas electorales, convirtió a la Argentina en el primer país de América Latina en aplicar un sistema de cuotas para garantizar la participación de las mujeres en el Congreso.

Lucy Grimalt – Pañuelazo por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito – Paraná – Entre Ríos. Imagen de Paula Kindsvater, CC BY-SA 4.0 via Wikimedia Commons

Lucy Grimalt, histórica militante feminista y hoy referente del Programa Provincial de Salud Sexual y Reproductiva, cuenta que ése fue un momento de gran discusión en la provincia, promovida por las propias militantes de los partidos. En el año 93, finalmente, la Legislatura provincial aprobó una ley de cupo que mantenía el mismo porcentaje que la ley nacional pero que el gobernador Mario Moine vetaría automáticamente –hasta 2011 no se volvería a sancionar una legislación al respecto.

Durante los 90, un gran epicentro de las reuniones y la movilización de mujeres fue la Facultad de Trabajo Social, con el trabajo de docentes e investigadoras como Nora Das Biaggio, Alicia Genolet e Isella Firpo. Incluso, ya en los 80, cuando estaba estudiando todavía, Nora Das Biaggio se conecta con Rosa Vera, del barrio Belgrano, y se empieza a formar el grupo del Club de Madres y Abuelas: las vecinas empiezan a ir al Encuentro de Mujeres todos los años. Ése, según Lucy, “es el mejor ejemplo de lo que significa el encuentro en la vida de las mujeres” y “por lo que seguimos reivindicándolo como espacio”.

Por otra parte, al mismo tiempo, en el contexto del neoliberalismo y la creciente pobreza, las violencias hacia las mujeres empiezan a recrudecerse. Durante el primer gobierno de Busti, Sara Liponetsky había creado la Subsecretaría de la Mujer que posibilitó, siguiendo el relato de Lucy Grimalt, una experiencia muy interesante: una casa refugio con perspectiva de género, que contó durante algunos años con el trabajo de Marta Aguilar y Analía Venanzi. Con el correr del tiempo, ese espacio se fue desfinanciando hasta terminar en un Área de la Mujer, cuya casa refugio se desmembró y pasó a formar parte de otra cartera.

Mientras tanto, ocurría a finales de los 90 –precisamente, el 26 de marzo de 1997– un caso que revolucionaría la opinión pública paranaense: el femicidio de Dalma Otero, una funcionaria judicial de 38 años, cuyo ex marido fue encontrado autor intelectual del homicidio, en épocas en las que todavía se hablaba de crímenes pasionales.

El asesinato de una mujer de clase media-alta habilitó entonces la visibilización de una trama de violencias mucho más compleja y, a partir de allí, empezó a discutirse una ley provincial, la Ley N° 9198 de Prevención de la Violencia Familiar, sancionada el 10 de febrero de 1999. Posteriormente, debería crearse para su aplicación el Juzgado de Familia, pues hasta el momento recibía las denuncias de casos de violencia el Juzgado Civil y Comercial, o sea, “te podía atender la denuncia un juez que hacía quiebras”, apunta Lucy. En ese sentido, enfatiza, “todo ésto fue posible porque hubo mujeres feministas al lado de funcionarios y funcionarias, o dando la discusión en las facultades, presionando; de lo contrario, no se podría haber hecho jamás”.

En el año 2000, por impulso de Lucy Grimalt, se crea el Programa Municipal de la Mujer, formado por la propia Grimalt, Marta Aguilar, Adriana Vallejos y Laura Rozados, como colaboradora. Laura relata que, desde allí, se llevaron adelante acciones, casi sin financiamiento, muy interesantes: resalta particularmente, los talleres sobre género para los y las empleadas municipales; los talleres de autoestima para mujeres; y una formación de promotoras psicolegales en prevención de violencia, para que las mujeres de los barrios que quisieran incorporarse hicieran la primera detección de las situaciones y el acompañamiento de las mujeres víctimas.

Los años venideros las encontrarían en intensas luchas sostenidas.

 

Derechos sexuales y reproductivos / Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito

En el mismo contexto neoliberal de los 90, comienza a visibilizarse otro tema sensible: el acceso a la salud sexual y reproductiva. Los anticonceptivos habían sido prohibidos desde antes de la dictadura; el gobierno de Alfonsín sacó esa prohibición, pero no hubo política pública de acceso hasta el 2003. “Si vos tenías plata ibas a la farmacia y los comprabas, pero en los barrios hacíamos mates bingo para juntar plata o les pedíamos las muestras a los visitadores médicos en los centros de salud. Por ejemplo, el Carrillo fue muy importante en eso, con profesionales que aunque no se reconocían como feministas sí lo eran en la práctica, como Patricia Villanueva“, relata Lucy Grimalt.

Ése fue el basamento para dar la lucha y, a pesar de la oposición de la Iglesia, lograr la aprobación de la Ley Provincial N° 9501 de Salud Sexual y Reproductiva y Educación Sexual, en el 2003, tras la aprobación de la ley nacional de anticoncepción gratuita y universal, un año antes.

Una agrupación que empezó a trabajar por ese tiempo en los barrios, con Adriana Vallejos como impulsora, fue MUPEA – Mujeres Unidas en Prevención del Embarazo Adolescente, desde donde mujeres de sectores populares empezaron a hacer poco a poco sus primeras experiencias en el feminismo. En ese momento, todavía, “si decíamos derechos sexuales y reproductivos no nos entendían qué queríamos decir”, cuenta Lucy.

Sin embargo, ya se estaba gestando dentro del feminismo local, sobre todo, después del Encuentro de Mujeres del 2000 con sede en Paraná, la inquietud sobre el aborto. Allí, muchas mujeres conocieron a Dora Coledesky, una militante feminista trostkista histórica, que venía trabajando en la Comisión por el Derecho al Aborto desde principios de los 90 en Buenos Aires.

Con esos antecedentes y, a medida que en el Encuentro de Mujeres se separa el taller de anticoncepción y aborto de las estrategias para poder legalizarlo, se crea a nivel nacional la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, lanzada en el 2005.

De todos modos, en Paraná, durante la primera década del 2000, el espacio fundamental de las discusiones feministas fue el Foro por los Derechos de las Mujeres (2004-2009) que nucleaba a distintas organizaciones. Desde allí, se acompañó, en 2007, un caso emblemático que puso a la provincia en todos los medios nacionales: el de Micaela, una adolescente con discapacidad, violada, cuya madre estuvo pidiendo durante un mes a las autoridades de salud provinciales que se le realice el aborto no punible al que tenía derecho y los directivos del Hospital San Roque se negaron. El procedimiento de aborto no punible se terminó haciendo en Mar del Plata, gracias al acompañamiento de las organizaciones de mujeres.

Gimena Bacci – Imagen de Brenda Luciana González

En enero del 2012, sucede otro caso: el de Brisa, de 11 años, oriunda de General Campos, también abusada. Gimena Bacci, integrante de la Campaña y de Socorristas en Red en Paraná, cuenta que a partir de allí, con la reiteración de la negación al aborto no punible, las declaraciones del Ministro de Salud Hugo Cettour en ese marco –”la naturaleza es sabia”– y la intervención de grupos religiosos antiderechos que hicieron retroceder a la madre de Brisa en su decisión, la Campaña decidió tomar una visibilidad y una intervención en la ciudad mucho más activa que la que llevaba hasta el momento.

Se plantea, entonces, una agenda fija de fechas de activación: el 28 de mayo, Día Internacional de Acción por la Salud de la Mujer; y el 28 de septiembre, Día de Acción Global por un Aborto Seguro, Legal y Gratuito.

Al tiempo, en 2013, llega la discusión sobre el socorrismo: “lo primero que tuvimos fue una línea telefónica, la LASER, Línea de Aborto Seguro Entre Ríos“, cuenta Gimena. En ese momento, “las compañeras de Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto ya habíansacado el libro Cómo hacerse un aborto con pastillas –sigue– y nosotras ya manejábamos más o menos esa información. Entonces, decidimos lanzar la línea de teléfono y acompañar a las mujeres que decidieran llamar. En 2014, María Elena Ale va a la plenaria de Socorristas en Red en Neuquén y vuelve entusiasmadísima con la experiencia. Y ahí sí, decidimos dar el paso, porque lo que estábamos haciendo nos quedaba corto, entonces, algunas compañeras dijimos que estábamos dispuestas a abrir el enlace de Socorristas y surge Dora Te Escucha. Otras no, porque no podían hacerlo por tiempo, pero siempre estuvimos todas de acuerdo y trabajando en conjunto”.

Hasta hoy, las discusiones sobre el aborto han sido y están siendo dadas en el espacio de la Universidad, en algunos sindicatos, en las redes sociales y en algunos medios de comunicación pero “aún no hemos podido llegar a ciertos sectores, como a los barrios”, apunta Gimena.

Lucy Grimalt, por su parte, remarca para cerrar: “no hemos hablado de la importancia de la educación sexual integral. Silvia Darrichón, por ejemplo, fue una pionera con su taller de sexualidades en los 90 y todas nosotras nos formamos con ella, o con Adriana [Vallejos]. La importancia del erotismo, el placer, el cuerpo. El feminismo reivindica ésto. Nos hacen fama de que las feministas somos malas, amargadas, bigotudas, pero nosotras proponemos eso: el disfrute de la vida”.

 

ENM en Paraná

Los Encuentros Nacionales de Mujeres, como mencionamos, se realizan en nuestro país desde 1986, durante tres días consecutivos de cada año, en distintas ciudades. Paraná ha sido sede dos veces: en el 2000 y en el 2010.

Según Mariela Herrera, docente e investigadora de la Facultad de Trabajo Social, en el segundo encuentro realizado en Paraná, quedó demostrado que “no hay una sola y monolítica manera de ser mujer, sino que, al contrario, hay distintas maneras y variantes de serlo”. Y, además, se logró la participación de un número muy grande de mujeres jóvenes; Lucy Grimalt reconoce: “ahí pudimos pasar la bandera, y eso no lo logran muchos movimientos sociales. Con Mara Luján siempre decimos que el recambio generacional es la fuerza que tiene el movimiento feminista en Argentina”.

La elección de la capital entrerriana como sede del XXV ENM fue realizada en el encuentro anterior, en Tucumán, donde las entrerrianas expusieron razones sustantivas: la cantidad de feminicidios; la ubicación estratégica de la provincia como zona de ablande para las redes de tráfico de personas; el empeoramiento de las condiciones ambientales y eco-sustentables por el uso de pesticidas y agroquímicos; así como la contaminación atmosférica y acuífera, recursos aún abundantes en esta parte del país; entre otras.

Bajo el lema ¡El Encuentro somos todas!, la convocatoria tuvo lugar entre el 8 y el 10 de octubre, con apertura y cierre en el Parque Berduc y desarrollo de los talleres en distintas escuelas céntricas de la ciudad. Además, algunos lugares como la plaza principal 1º de Mayo o la Bajada de Güemes fueron escenario de ferias y puestos varios a la manera de un acampe.

En ese XXV ENM, se hizo por primera vez el Festival por el Derecho al Aborto, organizado por la Campaña local con apoyo de la Campaña nacional, en la plaza del Bombero, con una marea verde de pañuelos que acompañaron el recital de Actitud María Marta. A partir de allí se replicó la experiencia en todos los encuentros.

 

El #NiUnaMenos y el movimiento feminista en los últimos años

En 2015, con una estadística abrumadora de casos de femicidios, surge en Argentina el Ni Una Menos. Cristina Schwab lo explica así: “#NiUnaMenos es un hashtag de Twitter, pero no nace de la nada. Nace del activismo feminista que se viene encontrando sostenidamente desde hace más de 30 años. Lo que hace el Ni Una Menos es condensar sentidos y los vuelve compartibles de una manera indiscutible: ¿quién puede estar en contra de ni una menos? Nos atraviesa más allá de la pertenencia ideológica, marcando un basta“. Un basta que fue proyectado desde la calle hacia las redes y desde las redes a las calles.

Años anteriores, tuvieron lugar otros fenómenos importantes como la tipificación del femicidio en el código penal, la sanción de la ley integral de prevención de la violencia (2009), la sanción de leyes absolutamente revolucionarias como la de matrimonio igualitario (2010) e identidad de género (2013).

En nuestra ciudad, precisamente al calor de discusiones como la del matrimonio igualitario, surgieron grupos de jóvenes activistas: en 2008 empiezan a reunirse en el marco de los foros abiertos por el INADI los integrantes del Foro de Diversidad Sexual de Entre Ríos –hoy Sexualidades DisidentesAlgunos años después, surge desde allí la agrupación Aquelarre, de mujeres lesbianas, bisexuales y pansexuales de Paraná, que se visibilizan por primera vez como lesbianas dentro del feminismo local. Asimismo, comienzan a visibilizarse de manera creciente las compañeras trans y travestis, surgiendo agrupaciones como el enlace local de la Corriente Nacional Lohana Berkins.

En 2017, la Campaña local convoca al primer Paro Internacional de Mujeres y allí se forma la Asamblea Participativa de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans, multisectorial y con la diversidad como bandera –lo cual no se da en todos lados de esa forma; asamblea que se reúne todas las semanas y que hoy es organizadora del segundo paro #8M.

Para las mujeres activistas consultadas en esta nota, Paraná tiene esas particularidades: cuando el feminismo ha sido muy oenegeizado en todo el contexto latinoamericano; en nuestro país, pero además en nuestra ciudad, hay una organización feminista autónoma, multisectorial, diversa y de todas las edades, que se enriquece cada vez más.

 

El feminismo en la FCEDU: Relato de Laura Rozados

Laura Rozados

Siguiendo a Laura Rozados, comunicadora y educadora, docente jubilada de nuestra casa de estudios y militante feminista activa durante muchos años, una de las primeras experiencias en género en el ámbito de la FCEDU fue un curso del año 96, a cargo de Silvia Yannoulas, centrado en la problemática de la mujer. “En lo personal, fue un gran disparador –apunta Laura. A partir del curso, Silvia tuvo la inquietud de presentar un proyecto de investigación, donde nos integramos con Adriana Vallejos y Zulma Lenarduzzi. El objetivo era relevar cuál era la situación de las mujeres en la Universidad Nacional de Entre Ríos y ése, creo, fue justamente el primer proyecto sobre cuestiones de género en la Facultad”.

“Fue una experiencia muy interesante porque empecé a tomar contacto con textos académicos sobre la cuestión de género, a conceptualizar y a observar la realidad con esos anteojos”, señala. “Ya entrando en los 2000 –sigue– yo estaba muy sensibilizada con la temática y justo se incorporó Leonor Arfuch a la cátedra de Semiótica. Un día estábamos almorzando y salió el tema del caso de Dalma Otero, entonces, Leonor sugirió la urgencia de trabajar el tema. Ahí mismo surgió la idea de hacer un proyecto de investigación para trabajar desde un punto de vista semiótico el expediente judicial. Y Claudia Rosa, aparte, hizo un rastreo de cómo se construía el caso en los medios locales”.

“Los varones son sancionados respecto de sus acciones públicas (el homicidio de una mujer), pero no respecto de la historia de violencia que sufrió la víctima durante años, que queda invisibilizada”, escribieron en la investigación, apuntando a una trama que recién empezaba a destejerse.

Más tarde, Laura encabezaría muchísimos proyectos por fuera de la Facultad. Precisamente, desde su participación en el Programa Municipal de la Mujer y después en la Fundación Mujeres Tramando, empezaría a detectar en los relatos de adolescentes y jóvenes experiencias de violencias en sus relaciones de noviazgo. “Esa cuestión me empezó a llamar poderosamente la atención y ahí, en el 2002, empezamos a trabajar con Silvina Garay en un proyecto que llamamos ¿Son amores?, recuperando el nombre de una novela que pasaban en ese momento. Eran talleres para estudiantes de Comunicación, Educación y Trabajo Social, donde nos enfocábamos en las relaciones amorosas. Después, eso se volvió un proyecto de extensión y empezamos a trabajar con escuelas secundarias. Ése fue el primer grupo de extensión, como línea de género del Área de Comunicación Comunitaria de la Facultad, que estuvo muy activo hasta 2008″.

En 2011, comenzaría a formarse un nuevo grupo de extensión con estudiantes de Comunicación Social, En una relación complicada, que a partir de un proyecto de Voluntariado Universitario continuó trabajando en escuelas secundarias la sensibilización y prevención de violencia en las relaciones amorosas de jóvenes y adolescentes. Se produjeron, en ese marco, dos eventos –las Jornadas “Me pinto a mí misma (porque soy a quien mejor conozco)”, para el 8 de marzo; y “Por amor a vos”, organizada en La Vieja Usina, en conjunto con la Facultad de Trabajo Social– así como diversas piezas comunicacionales de sensibilización.

De cara al 8M, Laura apunta a reflexionar sobre qué sentidos podemos darle al paro: “parar, en lo profundo, es asumir en qué mandato estoy atrapada, en qué profunda red de diversas obediencias me encuentro“. Además de encontrarnos y marchar, sugiere que el gesto revolucionario puede ser, valientemente, “asumir alguna de estas cuestiones que nos restan autonomía en nuestras vidas”. “Recién ahí el paro será realmente pararnos”, cierra.

 

Imagen de portada de Brenda Luciana González – 8M 2017 – Paraná.

 

Fecha: 08/03/2018

 

 

 

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