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La disrupción en las prácticas educativas: Algunas experiencias compartidas

Se llevó adelante la jornada “Prácticas pedagógicas disruptivas en educación superior”, la segunda en el marco del ciclo “Pensar la universidad en el horizonte digital” destinado a docentes y estudiantes de nivel superior. La propuesta tuvo como objetivo discutir condiciones e iniciativas para repensar la enseñanza y los aprendizajes en la universidad, con especial mirada a la incidencia pedagógica, comunicacional e instrumental de la cultural digital.

En la apertura, Mauro Alcaraz, secretario general y coordinador del Programa Eduvirtual, explicó el objetivo de la jornada y del ciclo en general: “Proponemos sostener una agenda de problematización, discusión y taller sobre prácticas pedagógicas para pensar la relación de la universidad con el conocimiento, con la demanda de nuevos estudiantes, con la inclusión de tecnologías”. En ello, la presencia del Programa, del Proyecto de investigación, de docentes y estudiantes de la Especialización en Producción de Contenidos y Ambientes Digitales Educativos y cátedras afines demuestra un compromiso e interés por motivar una agenda de trabajo, conversar sobre problemas, síntomas y repensar las prácticas pedagógicas de la universidad y sus posibles disrupciones.

En este sentido, Alcaraz sostuvo que la concepción de lo disruptivo es aquella de “pensar desde los márgenes, desde de las fronteras; no tenemos una visión esquemática de lo disruptivo, es algo a  construir“.

Por su parte, la decana Gabriela Bergomás, directora de la Especialización y co-directora del Proyecto de investigación, destacó que a partir de los diversos actores que impulsan el ciclo “vamos logrando esa integración de las funciones específicas del trabajo universitario”, además de “la posibilidad de ir encontrándonos y consolidar un espacio de formación donde desde la comunicación, educación y la perspectiva de tecnologías aplicadas o la mediación que permiten las tecnologías, se puedan potenciar nuevos espacios y la construcción de conocimientos”. Asimismo Bergomás destacó que se trata de un campo en desarrollo donde hay una oportunidad única para la formación de nuevos perfiles profesionales y en la Facultad es protagonista.

Compartir experiencias

Desde la Especialización hay un objetivo claro, indica Cecilia Sagol, docente del posgrado y moderadora de la primera instancia de trabajo de la Jornada: apuntar a una formación “que no tenga una lógica de mercado sino una lógica propia, de lo público, con contenidos abiertos, y un compromiso social y político del conocimiento pero con fuerte impronta de profesionalización para producir contenidos de calidad”.

Con esa impronta vienen desarrollando sus trabajos los y las estudiantes de la primera cohorte de la Especialización a distancia “Producción de Contenidos y Ambientes Digitales Educativos”. Verónica Odetti, Marina Ficcardi, Agustín de Torres y Julia Kendziur compartieron saberes y experiencias dando cuenta del diálogo que se crea con diferentes prácticas –las que ya tienen en sus recorridos y las que fueron conociendo en el posgrado– para crear contenidos para enseñar y aprender.

 

Experiencias pedagógicas disruptivas en Educación Superior

¿Cómo se gestan, construyen y sostienen prácticas disruptivas en el aula y en las instituciones? ¿Qué tipo de prácticas podemos encontrar en universidades argentinas y se entienden como disruptivas?

Candela San Román es docente de la FCEDU, Especialista en Tecnología Educativa y en Educación y TIC y compartió la experiencia “Escribir con otros. Reflexiones acerca de una experiencia de escritura colaborativa entre estudiantes de dos universidades”, desarrollada en el marco de la cátedra Espacio de Relaciones Interinstitucionales de Ciencias de la Educación, junto a Milagros Rafaghelli y Florencia Gareis, donde compartieron trabajo con la cátedra coordinada por Walter Campi en la Universidad de Quilmes.

“Nos interesa mostrar las reflexiones de los estudiantes en torno a esta experiencia, para pensar lo que es el trabajo colaborativo, no tanto poniendo el foco en las tecnologías sino más bien en la colaboración, en la interacción“, señaló. En ese sentido, detalló que como cátedra querían impulsar el trabajo colaborativo “entendiendo que desarrollar habilidades, estrategias y prácticas de colaboración son necesarias para la práctica docente” y, además, notando que los y las estudiantes “traen lógicas de trabajo más bien individual”.

La consigna de trabajo conjunto fue escribir “entre nuestros estudiantes de Ciencias de la Educación y los estudiantes de Pedagogía de Quilmes un artículo, a modo de ensayo, guiado por la pregunta hacia dónde va la escuela“.

Trabajar colaborativamente: Obstáculos, aprendizajes

Se conformaron nueve grupos integrados, cada uno, por estudiantes de la FCEDU y de la Universidad de Quilmes. Ante la pregunta inicial tenían que resolver de qué manera se iban a organizar, cómo la iban a resolver y cómo iban a trabajar sabiendo que no se encontraban cara a cara.

Una vez hecha la experiencia de trabajo, en el espacio ERI se dieron a la tarea de reflexionar sobre lo que había sucedido: ¿Qué entienderon por colaboración? ¿Qué organización se dieron en cuanto a los tiempos y las tareas? ¿Qué tipos de conversación se suscitaron al interior de los grupos? ¿Qué herramientas utilizaron? ¿Qué obstáculos aparecieron y qué aprendizajes se llevaron?

En relación a la colaboración, San Román detalló que las discusiones giraron en torno las modalidades al colaborar: por un lado, la sucesión de participación –cada quien va aportando– y por otro, la combinación de conocimientos. “Algunos reconocieron que al principio tenían ésto de la sucesión de participación y que después se dieron cuenta de que cuando tenían que entregar el artículo, el ensayo no tenía forma coherente. Otro grupo apuntó que pudieron disputar sentidos acerca de las distintas concepciones y percepciones sobre la escuela y la educación, que tuvieron que negociar al interior del grupo”. Entonces, “colaboración implica conocer diferentes perspectivas entre los estudiantes, negociar sentidos acerca de la tarea, acerca de lo que van a escribir. Implica argumentar esos posicionamientos“, sostuvo la docente.

Así, los grupos se dieron diferentes modos de organización, intercambiaron textos, pautaron fechas, crearon grupos de Whatsapp y Facebook, volcaron sus construcciones en documentos de Drive, en ciertos momentos apareció la competencia. Las conversaciones tuvieron distintas formas: acumulativas –”decir una cosa, decir otra y sumar, sumar, sumar”–  explicativas y/o exploratorias, “la que les permitió consensuar, construir acuerdos –resaltó San Román–, por ejemplo, proponer un posicionamiento o una idea respecto al artículo, discutirla y a partir de eso ir construyendo”.

La colaboración requiere de la organización de tiempos, de elaboración personal y grupal, por lo que implica el desarrollo de cierta autonomía en el proceso de aprendizaje. La interacción es la principal protagonista de esas construcciones de aprendizaje”, destacó. Para terminar, dejó un interrogante, como equipo docente: “Yo me quedo pensando en cuándo vamos a colaborar nosotros también ahí. Propusimos un trabajo para que los estudiantes colaboren y tal vez una vuelta de tuerca implicaría que también nosotros nos pongamos a trabajar con ellos en estas propuestas. Ser más partícipes nosotros junto a ellos en la experiencia”.

 

La alteración del dispositivo aula

Walter Campi es especialista en Comunicación y Educación e Informática Educativa y docente y secretario de Educación Virtual de la Universidad Nacional de Quilmes. Compartió reflexiones acerca de la experiencia en UNQ en torno al desafío de articular las prácticas que están fuertemente afianzadas en las modalidades virtual y presencial, pues “se encuentran tratando de construir un modelo más híbrido que aproveche lo mejor de cada modalidad”. 

A veces, con la intención de hacer una práctica disruptiva surge la respuesta más fácil: incorporar tecnología en la educación. “Cuando estas innovaciones se  encuentran desprovistas de reflexión suelen ser más peligrosas que beneficiosas. Cuando incorporamos la mediación tecnológica sin sentido ni necesidad termina produciendo ruido”, reflexionó Campi.

Sobre la innovación en el sistema educativo, Campi comenta que es algo viejo, que prácticamente nació con la escuela, porque desde la época de Comenio (Siglo XVII) que se vienen planteando distintas maneras de innovar. El especialista hizo referencia “al delicado equilibrio entre aquello que hay que mejorar y aquello que hay que cultivar para que mejore”: “Ya cuando la innovación se asegura de garantizar este equilibrio tiene la supremacía que le da al presente, tanto sobre el pasado como sobre el futuro. No hay nada más importante dentro de un aula con disrupción o sin disrupción que lo que está sucediendo ahora”.

También hizo referencia a la experiencia de aula invertida, que está desarrollando con sus estudiantes de la universidad,  aprovechando la disponibilidad tecnológica: “Es que el conocimiento no necesariamente está en el maestro, sino que muchas veces está en el aprendiz. Esta experiencia del aula compartida parte de una profunda convicción de que el currículum no es nuestro, es un objeto social que lo estamos administrando colectivamente y en grupos. Estos grupos tienen mucho para decir sobre el currículum. El estudiante con su mirada, con su visión, con su participación tiene muchas cosas más interesantes para decir de las que tengo para decir yo”. En ese sentido, el diseño y las prácticas de una institución “a veces puede favorecer u obturar las prácticas disruptivas”, sostuvo.

 

Rizomas tecnológicos para la inclusión desde el movimiento tecnoedu

Mónica Melo es especialista en Tecnologías educativas, editora y docente de la Facultad de Filosofía y Letras. Acaba de entregar su tesis de maestría sobre propuestas didácticas y mediaciones tecnológicas para la inclusión de estudiantes inmigrantes recientemente llegados al sistema de la escuela media.

Su trabajo se centra en la relación con estudiantes inmigrantes, tanto en la universidad como en la escuela secundaria y, en este sentido, “cómo pensamos la currícula y cuales son esas fronteras que tenemos que visibilizar, romper y diluir para que no
existan”. La primera, “es que la dinámica del aula pueda pasar en otros espacios donde no haya paredes. Para nosotros la primera disrupción fue salir con toda la clase al pasillo”. Y también a la calle, a las plazas: “porque no hay puertas, no hay ventanas, no hay por donde sesgar el conocimiento”.

También Melo se refirió a otras fronteras que para ella están poco trabajadas o visibilizadas, por ejemplo, la inclusión de la discapacidad en el diseño curricular y de las clases  o preguntarse “¿dónde están les compañeres trans?”: “Tenemos un baño no binarie donde podemos ir tanto las lesbianas, como las personas hetero, las personas trans, las personas gay y los 140 géneros que queremos diluir. Pero, ¿sólo con ésto alcanza?, ¿dónde están?, ¿dónde están en la visibilidad, en la inclusión, en la currícula las filósofas trans hablando de nuestros problemas curriculares?, ¿dónde están los educadores y educadoras que están viviendo desde otro género?”. 

Según la especialista hay otras barreras que tensionar, además del espacio y el tiempo: barreras como la de la xenofóbia, el extraño, el extranjero, la barrera del arancelamiento de la educación, barreras en la currícula, que hacen que la didáctica fracase sin todas estas voces. “En este mundo poder compaginar una nueva Universidad, y poder revisarla nos permite que en cualquier institución podamos inventar un acto pedagógico, novedoso.”

 

Laboratorio de prácticas pedagógicas

En el marco del ciclo se realizó una experimentación de la disrupción a partir de actividades, para movilizar una propuesta de enseñanza, desde las metáforas, el arte y lo lúdico como fuentes de inspiración. La metodología de trabajo se basó en aportes del pensamiento de diseño, focalizando en problemas de la enseñanza, identificando a los sujetos involucrados y los modos en que estos problemas los afectan, generando ideas posibles de implementar y volviendo reflexiva y conceptualmente hacia las propuestas, para construir colectivamente sentidos acerca de las prácticas de enseñanza disruptivas en el nivel superior.

“Pensar la universidad en el horizonte digital” es una iniciativa del Programa EduVirtual FCEDU UNER (Coordinado por Mauro Alcaraz) y el PID UNER “Análisis y evaluación de las prácticas pedagógicas y de gestión mediadas por tecnologías en la Facultad de Ciencias de la Educación de la UNER: el Programa EduVirtual”, dirigido por Ignacio Aranciaga y Gabriela Bergomás.

 

Fecha: 1/7/2019
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