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Hablemos con la boca llena y barbijo

Una acción de extensión en emergencia en apoyo a emprendedores y emprendedoras de la región

“Hablemos con la boca llena y barbijo. Acciones de apoyo a la comercialización de agricultores y agricultoras familiares en tiempos de pandemia Covid-19” es una acción de extensión en emergencia integrado por estudiantes y docentes de la Facultad de Ciencias de la Educación. La acción se da en el marco de la labor de extensión que un equipo interdisciplinario e interinstitucional viene desarrollando desde 2015 y que recientemente sumó la participación de docentes de la Facultad de Ciencias Agropecuarias.

Patricia Fontelles, Marianela Morzán, Karina Arach, Daiana Pérez, Mariana Batauz, María Paz Gallo, Bianca Della Bella, María José Marnetto y Sergio Miguel Alí, integran el grupo que lleva adelante actividades con agricultores y agricultoras, familiares, emprendedoras y artesanas, que se constituyeron en feriantes en la localidad de María Grande, Provincia de Entre Ríos, y las localidades de Monte Vera y Arroyo Leyes, de la provincia de Santa Fe. Cabe destacar que además del equipo de la UNER, se realiza un fuerte trabajo con el INTA, Agencia Monte Vera; la Escuela N° 324 “Los Constituyentes”; el Proyecto de Extensión “Nuevas Ruralidades Solidarias del Periurbano norte santafesino” de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la UNL; y la Comuna de Monte Vera. En María Grande la Feria es organizada por la Mesa local de María Grande (integrada por diferentes actores como SAFCI, Prohuerta-INTA, Proyecto de comercialización rutas N° 127/12, Municipalidad de María Grande)”

El objetivo es generar diversas piezas comunicacionales según la necesidad de cada uno de estos grupos, para organizar la comercialización a través de redes y medios de comunicación digitales. En el contexto actual se vuelve necesario reconvertir los canales tradicionales, como son las ferias, en espacios de venta virtuales. Desde el proyecto que sustenta esta acción se advierte que hay una problemática constante de los y las agricultores familiares, que “es la dificultad en el acceso a los mercados convencionales debido a varias causas. Por esto se crean espacios diferenciados de comercialización directa como son las ferias francas. Las mismas están limitadas en este tiempo, pero las formas organizativas persisten y se hace necesario apoyarlas en las necesidades de cada grupo. La constante que se percibe es la falta de estrategias comunicacionales y de divulgación así como la gestión efectiva de estrategias de comercialización  virtuales y el acceso a las herramientas tecnológicas que los posibilitan. Se trata de grupos poblacionales donde la brecha digital se hace muy presente.”

De esta manera, el equipo orientó su trabajo hacia la asistencia a los feriantes ante la necesidad generada por el contexto de pandemia. Patricia Fontelles, una de las docentes que dirige la acción, expresa: “Nuestra intención es aportar a los procesos organizativos colectivos y a los de comercialización y divulgación, generando piezas comunicacionales con doble propósito: el de favorecer la venta, en tanto acercar estos productos a los consumidores; y el de alentar una cultura que revalorice el derecho a una alimentación saludable”.

Extensión universitaria

“Desde el contexto de pandemia la extensión cobra mayor sentido cuando permite a la universidad acompañar los procesos sociales y comunitarios y abonar a prácticas colaborativas, como en este caso son las ferias de pequeños productores y productoras y artesanas de zonas rurales o poco pobladas”, comenta Fontelles.

Acerca de la importancia de estas acciones, la docente expresa que “es importante la extensión porque también nos permite el nexo con el territorio que le da sentido a la aplicación de los saberes técnicos, cuando construimos con ellos un flyer o colaboramos en cuestiones políticas-organizativas o de difusión”, y agrega: “Siempre ponemos de relevancia la extensión como germen de la producción de conocimiento y nuevas prácticas. Es un ida y vuelta”.

Para finalizar con su reflexión, sostiene que “soberanía alimentaria y comunicación comunitaria en pandemia es acompañar con herramientas técnico metodológicas los procesos organizativos menos tangibles, como así también cuestiones concretas como diagramar un flyer. Años anteriores nuestra tarea tenía que ver con la producción de materiales educomunicacionales o talleres de sensibilización sobre soberanía alimentaria y el derecho a la alimentación; pero en este tiempo que no podemos acceder a ese potente contacto con lo grupal en territorio, nuestra tarea se va redefiniendo a otros espacios”.

 

Sobre la concepción de Soberanía Alimentaria según las y los integrantes del Proyecto
Es necesario poner el eje en el análisis de una geopolítica social que dé cuenta de estrategias desde y para el sur global, pensando en los sujetos sociales y sus necesidades en términos de derechos; y garantizando el bienestar general de la comunidad, el derecho ambiental, los bienes naturales y el derecho alimentario. El concepto de soberanía alimentaria y su relación con la economía social y solidaria, aportan elementos para pensar los sistemas agroalimentarios, el consumo local y las cadenas cortas de comercialización, promoviendo las “formas de producir más amigables con el ambiente” y “alentando otras maneras de pensar la economía”.
Esta emergencia, además, pone en evidencia el estrés de los sistemas productivos y  la revisión de las pautas de consumo, por ende, la soberanía alimentaria resulta de vital importancia, como concepto situado en la producción y consumo de lo local-regional. Así, se hace más evidente la relevancia de lo local, en torno de experiencias de la economía social y solidaria, la producción agroecológica y alimentación saludable. Todo indica que es momento de volver a los negocios de cercanía y las ferias juegan un rol fundamental en este proceso.
Entendemos a la soberanía alimentaria como un derecho a ejercer, y en ese marco la comunicación juega un rol fundamental para informar, sensibilizar e interpelar no sólo el modo en que se producen y consumen los alimentos, sino también el modo de relacionarnos con la tierra y con otros. La economía social y solidaria nos aporta para pensar que las relaciones económicas pueden basarse en la reciprocidad y
complementariedad y resignificar los procesos económicos -producción, distribución y consumo- desde una racionalidad reproductiva y no extractiva.

 

Nota reelaborada a partir de insumos aportados por UNER Noticias

 

Fecha: 06/10/2020
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