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Experiencias de movilidad estudiantil: Rogelio, Karen, Clara, Yasmín

Durante el segundo semestre de 2022, tres estudiantes de la FCEDU están cursando sus carreras en la Universidad Autónoma de Tlaxcala, México, y en la Universidad del Quindío de Colombia; mientras que un estudiante mexicano se encuentra asistiendo a cuatro cátedras de Ciencias de la Educación de la FCEDU | En esta nota, recuperamos sus sensaciones y experiencias 

Rogelio Texis Ordoñez tiene 20 años y es oriundo de Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala, México. Estudia en la Universidad Autónoma de Tlaxcala y, a través del Programa de Movilidad Estudiantil, viajó a Argentina y está cursando cuatro cátedras en la FCEDU: Orientación Vocacional y Ocupacional, Evaluación Educativa, Taller de Planificación y Producción en Comunicación y Educación y Perspectivas comparadas de políticas públicas educativas. Del tiempo que lleva en Paraná rescata «las experiencias culturales y artísticas» a las que ha podido asistir: «la gente de Paraná me ha brindado una cálida bienvenida y eso es lo que más se aprecia», destaca. 

En cuanto a las diferencias entre las carreras, cuenta que «la carrera en México está más orientada a los programas y acciones laborales» y que «la diferencia más notoria es el ambiente educativo». De la experiencia de intercambio, desea que los saberes le ayuden a forjarse «como persona y profesionista».

 

Karen Gareis es estudiante de la carrera de Ciencias de la Educación en la FCEDU y se encuentra realizando su experiencia de intercambio en la Universidad Autónoma de Tlaxcala. «Me sigue sorprendiendo la diversidad de paisajes, comidas, prácticas culturales y a cada paso me impacta la preservación de sus espacios o construcciones históricas. Las personas nos han recibido muy bien, son muy hospitalarias y también se acercan para dialogar y conocer un poco de nuestro país, nuestra cultura, el mate», cuenta.

Actualmente, vive en una casa con cuatro compañeras argentinas y dos colombianas; «estudiamos carreras diferentes y son muy interesantes los momentos de encuentro», señala. «Me gusta mucho el hecho de que en cada momento buscamos darnos a entender, negociando sentidos acerca de ciertos términos, maneras de nombrar, etc. Que sea una experiencia compartida con otres la enriquece ampliamente», asegura Karen.

Está cursando materias del quinto semestre con dos grupos de estudiantes diferentes: Producción de Materiales Educativos Computarizados, Evaluación de la Práctica Educativa, Métodos y Técnicas Cualitativas de la Investigación y Orientación y Tutoría. «Es muy interesante el hecho de que para mi grupo de compañeros es el primer semestre que concurren de manera presencial a la Facultad; terminaron la escuela secundaria en pandemia e ingresaron a la Universidad cursando ya dos años y medio de manera virtual. Como ellos mencionan, ese cambio se siente y están muy contentos de poder conocerse de manera presencial y no solo a través de una pantalla. En este sentido, ser parte de esa transición me parece sumamente interesante».

En cuanto a las diferencias entre las carreras y la vida institucional, Karen observa como novedad «la figura de jefe o jefa de grupo», es decir, «un integrante de cada grupo que auspicia como nexo entre sus compañeres y les docentes». En relación a la carrera de Ciencias de la Educación, «un punto que marca la diferencia es que ellos no cuentan con la oferta de Profesorado, sino que la carrera es Licenciatura en Ciencias de la Educación. Por otra parte, aquí el ámbito laboral abarca desde la educación básica, a diferencia de nuestra carrera en donde el ámbito habitual son los Niveles Secundario y Superior, y por eso la malla curricular presenta diferencias».

Karen resalta, particularmente, la riqueza de transitar la experiencia: «Con el transcurrir del tiempo vas formando parte de la cotidianeidad en otro país, con otras costumbres, las particularidades de sus instituciones. Asimismo, el entablar diversos vínculos tanto con quienes están en la misma situación de intercambio como con las personas que residen aquí, permite conocer otras realidades, acompañarnos e interactuar intercambiando vivencias diversas, ya sean personales como académicas e institucionales. Considero que te posiciona en otro lugar, te desafía a pensar cuestiones que estaban alejadas a nuestra realidad como también a empaparte de las experiencias de otres».

Clara Cosoy es estudiante de Licenciatura en Comunicación Social de la FCEDU y, actualmente, está cursando cuatro materias en la Licenciatura en Comunicación e Innovación Educativa de la Universidad Autónoma de Tlaxcala: Técnicas de Publicidad y Propaganda, Educación Mediática, Creatividad y Comunicación Social y en las Organizaciones.

«Aquí la Licenciatura se divide por semestres en vez de por años como en Argentina. En total son 8 semestres y las materias que curso corresponden a distintos semestres, por lo que voy con diferentes compañeros y compañeras, ya que, también a diferencia de Argentina, aquí el mismo grupo de estudiantes comparte todo el trayecto educativo, por eso creo que fue bueno elegir materias de distintos semestres para compartir con diferentes estudiantes de diversos años», comenta.

Si bien, al igual que la FCEDU, también se trata de una Facultad de Ciencias de la Educación en donde se estudia Comunicación, «a diferencia de Paraná, aquí Educación tiene muchísimos estudiantes que tienen varios cursos y Comunicación son bien poquitos, como máximo solemos ser de 10 a 12 estudiantes por clase. También, como su nombre lo indica, la carrera está orientada hacia una perspectiva más educativa y, por ende, si bien hay materias similares, hay muchas otras que no existen en la UNER».

Asimismo, al igual que Karen, resalta la figura del jefe/a de curso: «Tienen un examen ordinario que sería lo que nosotros llamamos examen final. No tienen la condición de alumno libre, todas las materias deben ser cursadas y cumplir con un 80% de asistencia a clase. También tienen un jefe o jefa de curso que es quien se hace cargo de recordar avisos de las materias y mantiene el vínculo con el profesor o profesora de la cátedra y los estudiantes».

Clara resalta que el intercambio académico es una experiencia que siempre quiso hacer en el transcurso de la carrera. «En mi caso ya me encuentro con las últimas materias, me presenté en pandemia y se postergó por la situación del COVID, por lo que realmente es algo que esperaba mucho y que no sabía si iba a poder concretarlo, así que para mi es una experiencia invaluable que otorga la universidad pública y a la que estoy profundamente agradecida. Recomiendo fuertemente que todos los que tengan la posibilidad, se presenten porque es una oportunidad única que da la Universidad de conocer otra cultura, otro sistema educativo, otro país y otras personas de distintas ciudades», insiste.

Aunque la mirada será más amplia hacia el final de la experiencia, Clara asegura que transforma «no sólo en términos personales sino también colectivos». Y añade: «Mis compañeros de la Universidad actualmente demuestran mucho interés por la cultura Argentina, el mate es el asombro de todos y constantemente me preguntan cuestiones vinculadas a mi país o a mi ciudad, por lo que es un intercambio constante y mutuo, no sólo entre universidades sino también entre compañeros».

 

Yasmín Fellay es oriunda de Concepción del Uruguay y estudia Comunicación Social y Producción Editorial en la FCEDU. «Hace poco más de un mes llegué a Colombia para estudiar en Armenia, la capital de Quindío, uno de los departamentos que conforman el eje cafetero del país. Aquí me recibieron de manera muy atenta y amorosa, estoy viviendo en la casa de mi familia tutora, conformada por dos adultos mayores que son pareja, Amparo tiene 70 años y Gilberto 85. En la otra habitación de la casa se queda un estudiante mexicano que también vino de intercambio, lo cual fue muy bueno para integrarnos y acompañarnos», cuenta.

En la Universidad del Quindío está cursando materias de dos “programas” diferentes –»lo que en Argentina llamaríamos carreras», dice Yasmín–: Comunicación para el desarrollo y Radio, ambas del programa de Comunicación Social y Periodismo y Ciencia, Tecnología y Sociedad, del programa de Filosofía.

«Las maneras de estudiar aquí son muy distintas a las de Argentina, empezando por el hecho de que aún en las universidades públicas se debe pagar un arancel para ser estudiante. Además, para poder ingresar en determinado programa se realizan evaluaciones que pueden dejarte fuera de la carrera», comenta.

A su vez, Yasmín cuenta que todas las facultades se concentran «en un gran recinto que es como una ciudad universitaria muy grande y para ingresar uno debe contar con un carnet que indique que es parte integrante de la UQ. Una vez adentro, además de facultades con aulas, hay canchas, pista de atletismo, pileta de natación, gimnasio, salones de baile, comedor, coliseos, auditorios, grandes jardines, biblioteca, salas de informática, estudios de televisión, laboratorios, estacionamientos –o “parqueaderos”, como dicen acá– y más».

En este sentido, reflexiona: «Se concibe al estudiante como un ser humano íntegro, que necesita alimentarse bien y realizar actividades deportivas y culturales para sentirse pleno y ser mejor profesional. Por esta razón, se realizan diversidad de cursos que suman créditos y cuentan con importancia en la hoja de vida: de pintura, de carboncillo, de canto, de baile, de deportes, de gimnasia y yoga, de teatro, de cocina, de reconocimiento de la diversidad y mucho más».

Por su parte, en cuanto a las diferencias en las modalidades de cursado, «las mesas de exámenes finales no existen, por eso los profesores hacen un intenso seguimiento de los estudiantes durante el cursado: valoran la asistencia, la participación en clase, la realización de las “tareas” o actividades y resulta muy problemático que un estudiante pueda asistir a una materia en la que no está matriculado, incluso el profesor tiene el deber de no dejarlo permanecer en el aula. Desde mi perspectiva, la educación se vuelve menos libre, se estandarizan las formas de aprendizaje de cada sujeto como si fuéramos todos iguales, y me resulta más parecido a lo que sucedía en el secundario que a cómo acostumbro a vivir la vida universitaria. Asimismo, el sistema de puntuación es distinto, aquí es de 0-5», destaca Yasmín.

En el caso puntual de la carrera de Comunicación Social – Periodismo, «encuentro una gran diferencia con la FCEDU», añade: «Es que allí la carrera lo lleva a uno a ser especialista en Redacción o en Gráfica o en Imagen o en Audio, y suele suceder que se puede terminar sabiendo mucho sobre, por ejemplo, escribir, pero poco sobre realizar diseños, producciones audiovisuales, contenido para radio. En cambio en la UQ cuentan con las materias de Radio I y II, Diseño Visual, Redacción I y II, Televisión I y II, Marketing, Fotografía I y II, Prensa I y II, y no solo las asignaturas, sino también las herramientas, los gabinetes de informática, los laboratorios, todos los elementos necesarios para llevarlo adelante, hasta los programas de Adobe pagos e instalados. Se pretende que el profesional sepa moverse en todos estos ámbitos de la Comunicación Social, tal vez esto se debe a que ya desde su mismo nombre la carrera tiene una fuerte inclinación al periodismo».

Como balance de la experiencia, Yasmín resalta que «es maravillosa y única»: «No hay ni habrá nada igual, porque uno crece en todo sentido, profesional, pero también personal. Uno se abre a la diversidad, conoce nuevos horizontes, se anima a salir de los esquemas y las formas conocidas para encontrarse con un otro que es distinto, una cultura que es diferente, que tiene su propia historia, sus alegrías y sus sufrimientos, y que aún así lo recibe con los brazos abiertos, con cuidado y amor. Porque si algo tenemos en común los latinoamericanos es esa capacidad de salir adelante a pesar de todo, de seguir ‘cantando al sol como la cigarra’, como cantaba la gran Mercedes Sosa, y encontrando que ese canto es fuerte, pero nunca lo demasiado fuerte como para que no entre alguien más al lado».

 

Fecha: 15/09/22

 

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