¿Cómo coordinar?

Para quienes coordinen
Compartiremos dos premisas que a nuestro entender son falsas y entorpecerán el trabajo de las y los coordinadores.

La primera es que la educación se basa en generar una relación vertical en la que el educador es portador del saber y los estudiantes hojas en blanco a escribir.

La segunda, proveniente del discurso cientificista, postula la objetividad como modo de percepción y producción de conocimiento, que ata al sujeto a una única tarea: la observación pasiva, tratando de no interferir en el curso de los acontecimientos. Creemos que esto no solo no es posible sino que niega nuestra condición de adultos, docentes y coordinadores de la actividad. De esta manera, luego de muchos debates, lecturas y acercamiento a experiencias similares, creemos que resulta imperioso participar activamente de la actividad, jugar el juego: proponer, escuchar y crear entre docentes y estudiantes.
En nuestra experiencia muchas veces nos encontramos con cierta apatía ante la propuesta de jugar: los jóvenes se inhiben, no participan, se aíslan o se encierran en los auriculares; los docentes y directivos manifiestan resistencia hacia las prácticas lúdicas, que son reducidas a espacio de distracción.

Ante estas situaciones, quien coordine debe prestar atención e identificar a quienes se inhiben, están dispersos o aburridos para interpelarlos e incitarlos a que den su opinión y ocupen roles en los grupos que sean de su interés. También hay que estar atentos a las distintas personalidades, -las hay más silenciosas, más vergonzosas, más desinhibidas, más espontáneas, con voces más fuertes, etc.,- para garantizar la circulación de la palabra que estimule la participación de todas y todos y genere una verdadera instancia de aprendizaje.

 

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