Es profesora en Ciencias de la Educación por la FCEDU-UNER. “La formación me atravesó y, a partir de ella, construí una forma de ser y estar en el mundo”, confiesa. Actualmente, ofrece desde España asesorías pedagógicas online para estudiantes de profesorado o para docentes que realizan postítulos. Su experiencia, en primera persona.
Desde Ramayón hasta su recorrido por distintos niveles del sistema educativo, Yoconda Ollocco construyó una trayectoria atravesada por el esfuerzo, los vínculos y la convicción de que la educación transforma vidas. Profesora en Ciencias de la Educación por la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de Entre Ríos, comparte en esta edición de En primera persona su historia como primera generación universitaria de su familia, las búsquedas que marcaron sus años de formación y los desafíos de abrir camino lejos de casa.
“Nací en Ramayón, una pequeña localidad del centro-norte de Santa Fe, donde hice gran parte de la escuela primaria. Antes de finalizarla, mi mamá, anticipándose a favorecer mi incorporación a la escuela secundaria, ya que en mi pueblo no hay, decidió inscribirme en la Escuela Normal de San Justo para cursar el último grado de la primaria. Allí completé toda la educación secundaria y, en el último año, de una manera bastante intuitiva y solitaria, comencé a indagar qué carrera estudiar. Sólo sabía dos cosas: que quería ‘estudiar afuera’ y que tendría que trabajar para lograrlo”, recuerda.
Esa búsqueda, cuenta, estuvo marcada no sólo por la intuición sino también por la incertidumbre. Hasta entonces nunca había escuchado hablar de las Ciencias de la Educación ni sabía que existía una facultad dedicada a ese campo. Interesada por áreas como la psicología, la filosofía y la sociología, inicialmente pensó en estudiar Psicopedagogía y viajó a Paraná junto a una compañera para averiguar sobre esa carrera. Sin embargo, al salir de aquella visita comprendió que ese no era el camino que quería seguir. Poco después llegó a la conclusión de que quería dedicarse a la docencia, aunque todavía no tenía claro desde qué lugar. En esa búsqueda apareció la Facultad de Ciencias de la Educación de la UNER. Tras revisar la información disponible en la web institucional, volvió a Paraná para conocer personalmente la propuesta académica y regresó a San Justo ya inscripta en el Profesorado en Ciencias de la Educación.
Yoconda ingresó a la FCEDU en 2010 y egresó en 2016. Los años de cursado estuvieron atravesados por el desafío de trabajar y estudiar al mismo tiempo, una experiencia compartida con muchos de sus compañeros y compañeras. También estuvieron sostenidos por los vínculos afectivos que hicieron posible continuar cuando el cansancio y las exigencias pesaban demasiado. Su mamá, sus hermanas, su compañero Walter y sus amigas fueron parte fundamental de ese recorrido.
“Cuando me recibí supe que había sido un logro compartido. Para quienes venimos de comunidades pequeñas, alejadas de las grandes ciudades y, además, somos la primera generación en acceder a estudios superiores, es un orgullo alcanzar este tipo de metas”, valora.
Sobre su paso por la Facultad, subraya especialmente el impacto humano y personal de la experiencia universitaria: “Además de la formación profesional, lo que destaco de mi paso por la facultad es el crecimiento personal, la apertura, la tolerancia y el enriquecimiento producto del contacto con personas de diferentes experiencias de vida. Diría que la formación me atravesó y, a partir de ella, construí una forma de ser y estar en el mundo”.
En ese recorrido, recuerda especialmente el acompañamiento recibido por parte de algunas docentes durante las prácticas. En ese momento viajaba desde San Justo únicamente para cursar Didáctica IV y, teniendo en cuenta esa situación, el equipo de cátedra organizó las prácticas en la Escuela Rural Alberdi de Oro Verde para que pudiera realizarlas el mismo día de cursada. Fue un período particularmente demandante porque implicaba viajar, cursar, realizar las prácticas y continuar trabajando al mismo tiempo. Para Yoconda, esa comprensión y flexibilidad fueron decisivas para sostener el trayecto académico.
La inserción laboral llegó rápidamente después de la graduación. Apenas obtuvo el título comenzó a dar clases en escuelas secundarias urbanas y rurales de Santa Fe y, al año siguiente, empezó también a trabajar en el nivel superior. Esa etapa se extendió hasta comienzos de 2023, cuando decidió emigrar junto a su familia.
“De mi experiencia en el nivel medio hay algunas cuestiones que quisiera destacar. La primera es que di clases en escuelas rurales, algo que me había propuesto mientras estudiaba. Supongo que era un deseo vinculado a mi propia experiencia de vida y a comprender lo que significa para las familias que la educación llegue a zonas alejadas. También tuve la oportunidad de trabajar en la misma escuela donde cursé la secundaria, lo que me entusiasmaba mucho porque allí se había abierto la puerta de este camino, aunque en ese momento yo no lo sabía. En esa escuela, además, me tocó darle clases a mi hermana menor; por momentos fue como recordar nuestros juegos de la infancia. También volví como docente a recorrer las aulas de mi escuela primaria, porque allí funciona, desde hace unos años, un anexo de la EMPA (Escuela Media para Adultos). Fue muy significativo poder compartir con la gente de mi pueblo algo de lo que sé”, expresa.
Con el tiempo, sin embargo, comenzó a revisar críticamente su experiencia en las escuelas secundarias. Comprendió que se sentía más preparada para estudiar y problematizar la escuela media que para habitarla cotidianamente como docente. Esa reflexión la llevó, poco a poco, a dejar las horas en ese nivel y concentrarse en el nivel superior.
Allí encontró un espacio de crecimiento y aprendizaje especialmente significativo en el Instituto Superior de Profesorado Nº 20 de San Justo, institución que considera su “segunda institución formadora”. Destaca el acompañamiento de colegas y directivos que confiaron en su formación y le brindaron oportunidades para desarrollar proyectos, participar en jornadas y asumir nuevos desafíos. En 2019 concursó y titularizó dos cátedras en ese instituto, donde además volvió a vincularse con las escuelas secundarias, esta vez acompañando prácticas docentes de estudiantes del profesorado. Más adelante también se incorporó al nivel superior de la Escuela Normal, en el profesorado de nivel primario, experiencia que, aunque breve, le permitió conocer nuevas realidades educativas.
“En ese recorrido, continué formándome y actualizándome. Algunos de esos trayectos los pude finalizar y otros no, pero, como dice (Jorge) Drexler, ‘nada se pierde…’. Fue poco más de una década dedicada a la educación, plena de satisfacciones y aprendizajes, a veces con momentos amargos y de desesperanza, pero sin abandonar las convicciones”, confiesa.
Actualmente, tras haber vivido en Italia, desde octubre de 2025 Yoconda reside en Murcia, España. “Hoy me encuentro al otro lado del mundo. Todavía no estoy ejerciendo, pero sí abriendo camino otra vez. En ese proceso de abrir caminos y redefinir mi recorrido, encontré también una forma de seguir vinculada a la docencia: hoy acompaño a estudiantes argentinos a través de tutorías online, manteniendo ese lazo que para mí es fundamental”, expresa.
A partir del trabajo de asesoría pedagógica a distancia, los dispositivos tecnológicos le permiten seguir en contacto, por ejemplo, con exalumnas de su querido Instituto 20 de San Justo, quienes tras recibirse de profesoras decidieron seguir estudiando y la contactaron para que las acompañara en ese trayecto. “Las tutorías están pensadas para estudiantes de formación docente o quienes ya sean docentes y estén haciendo postítulos o algunas otras actualizaciones”, explica Yoconda.
“Al otro lado” del planeta, como ella dice, y “abriendo camino otra vez”, su formación le permite seguir estando acá, acompañando a los suyos en sus recorridos, construyendo -a partir de la educación como vocación- “una forma de ser y estar en el mundo”.
