Noelia Gipler, en primera persona

Es graduada del Profesorado en Ciencias de la Educación, docente tallerista, mediadora de lectura y poeta. Su experiencia, en primera persona.

Noelia Gipler es Profesora en Ciencias de la Educación y llegó a la FCEDU desde un pueblo del norte del departamento entrerriano de La Paz llamado Ombú, limítrofe con Corrientes. En su paso por la carrera y la Facultad, tuvo experiencias que la marcaron en su formación, más allá de la currícula, como por ejemplo las discusiones por la reforma del plan de estudios de Ciencias de la Educación: “Siendo muy jovencita, hice como un despertar a todas las discusiones juntas en vivo, encarnadas en personas, en grupos de amistad, en grupos políticos, docentes, estudiantes organizados, graduados, que participaban de manera muy activa en la deliberación política y epistemológica, acerca de los enfoques y propósitos de la formación. Me sirvió mucho arrancar por ahí”, destaca.

Otra experiencia que Noelia resalta como “una marca fuerte de formación”, fue la cátedra Política de la Educación, “con Alicia Naput, con sus ciclos de cine, con las jornadas de reflexión sobre feminismos, sexualidades, perspectivas políticas, estéticas, tradiciones políticas y también culturales”.

También recuerda haber participado activamente, junto a estudiantes de otras facultades de la UNER, de las discusiones por los fondos que recibiría el Consejo Interuniversitario Nacional por parte de la mina La Alumbrera. “Despertó un proceso de oposición que fue a la vez uno de formación muy intenso, donde estudiantes y docentes nos pusimos en contacto con las asambleas cordilleranas, con los pueblos que resistían la explotación minera. Todo eso se tradujo en unas jornadas de lucha en contra de la megaminería”, advierte, al tiempo que reconoce que la experiencia fue importante en tanto permitía discutir “los horizontes de la formación, el rol político de la universidad”.

Durante algunos años suspendió el cursado de la carrera para militar “primero en el ecologismo, después en el trotskismo”. De todos modos, asegura que “distintas luchas desde afuera de la universidad me acercaron a la universidad también”: “Siempre pensé en la Facultad de Ciencias de la Educación como un espacio de deliberación política y de organización, en donde aunque yo no estuviese estudiando o rindiendo, a veces ni siquiera pensando en continuar la carrera, me iba igual a la Universidad, porque había una asamblea, porque se estaba organizando el Ni una menos, porque se estaba discutiendo cómo enfrentar al macrismo, porque se discutía una ley de agrotóxicos para la provincia. Distintos momentos de la vida común, de la vida política nuestra, me acercaban siempre a la universidad, porque siempre consideré que la Facultad era también eso, un espacio de organización y de encuentro”.

 

Experiencia laboral: cruces entre la formación profesional y artística

Empezó a trabajar en 2014 en escuelas secundarias a través del Artículo 300, “un artículo que permite que las personas no graduadas, presentando proyectos o antecedentes de formación, puedan acceder a concursar”, explica. De esa manera, trabajó en escuelas secundarias en las que desarrolló “materias de disciplinas sociales como psicología o sociología, espacios de prácticas educativas, en algún que otro equipo interdisciplinario y también en talleres de ESI, todo en escuelas públicas”, relata Noelia.

Al poco tiempo de empezar a trabajar como docente, comenzó a pensar “la cuestión de la mediación cultural como forma de encarar espacios de taller, de trabajo, conversación y escucha en las escuelas”, es decir que “empecé a trabajar más conscientemente en dinámicas de taller”, reconoce.

En ese proceso, en 2015, en el marco de la eliminación de espacios pedagógicos institucionales, “al calor de la lucha contra eso, conocí a otras docentes que trabajaban en este mismo sentido, en talleres de literatura, de escritura creativa, talleres de artes para gurises, niños y adolescentes, jóvenes. Yo trabajaba también en el nivel de jóvenes y adultos. Nos conocimos en el medio de una toma del CGE por parte de nuestro gremio AGMER, y empecé a organizarme, más en clave de amistad, pero también de espacio de producción, en un grupo de mujeres docentes y poetas que se llamó Proyecto Mojarras, donde leíamos, escribíamos, pensábamos consignas de creación para llevar al aula. Empezamos a escribir, a leernos, hicimos alguna que otra presentación”, recuerda. En este grupo participaban, además, Laura Sánchez, Natalia Garay y Rocío Lanfranco.

Noelia destaca que fue un camino “de tomar en serio la escritura, la literatura”, donde también conoció al mediador cultural, escritor y poeta Kevin Jones. “Con él empecé a leer más la literatura infantil, a estudiar la mediación de lectura como perspectiva epistémica y política”.  A partir de ese descubrimiento, presentó un proyecto para dar un taller de literatura infantil en la Escuela Bartolomé Mitre, que desarrolló durante cuatro años. “El trabajo con las infancias fue muy inquietante para mí. Y la infancia me enganchó. Después, mi supervisora me conoció en la escuela y me convocó para trabajar en el CGE, cuando ella llegó a ser vicedirectora de la Dirección de Primaria. Ese es un trabajo en el que me he desempeñado como técnica pedagógica del equipo”, comenta.

Su trabajo en la Dirección de Primaria consiste en diseñar y llevar adelante dinámicas de formación docente que tengan por objeto poner en movimiento recursos didácticos vinculados a la literatura. “Lo hacemos también con Rocío Lanfranco desde la perspectiva de la mediación de lectura y la escritura creativa, pensando con todas las herramientas que podemos qué distingue un espacio de taller de una clase común”, sintetiza.

También son parte de su experiencia los trabajos más vinculados a las artes. Ha presentado dos obras colectivas que cruzan la poesía con otras disciplinas: Sueño que vivo, con Laura Sánchez, en el Teatro 3 de Febrero, y Tibios planetas a la deriva, en la Casa de la Cultura, junto a Sara Van Dembroucke, Victoria Roldán, Fernanda Álvarez, Kevin Jones, Verónica Moreira, Julián Rearte y Luciana Insfrán. También tiene un fanzine de poesía publicado por la editorial Camalote, titulado Ombú. Participó del proyecto editorial La realidad y el deseo. Recientemente, fue seleccionada en la convocatoria de FEICAC para hacer una producción audiovisual junto a la poeta Fernanda Álvarez.

En 2023 salió publicado Si bien nada es perfecto, “un libro escrito en un taller de poesía que dimos durante este año en la Unidad Penal N°1 de varones de acá de Paraná, junto a Rocío Lanfranco, Imanol Rodríguez y Chana Bertolami. Sostuvimos este taller y editamos este material, y hace poquito compartimos la experiencia en un encuentro en la FCEDU”, comparte Noelia.

Para cerrar, reconoce que el trabajo con las infancias y con la literatura infantil la implican profundamente y que recibió herramientas, tanto de la Facultad como las que fue construyendo por fuera. “Pienso mucho en este momento cómo continuar tanto mi formación como mi búsqueda laboral. No sé qué me deparará el futuro. Por ejemplo, en el rol de asesora pedagógica nunca estuve y tal vez vaya por ahí”, aventura.

 

 

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