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Infancias y desigualdades: Responsabilidades educativas frente a la extensión de jornada

Infancias y desigualdades: Responsabilidades educativas frente a la extensión de jornada

Carina Rattero

Desolación

Al final de la avenida, lindando con nuevos edificios que extienden el perímetro del barrio más caro y paquete de la cuidad, se recorta la escuela. Sobre el verde del parque, entre jacarandá es y en del horizonte del río.
Al llegar encuentro el portón de rejas cerrado con candado. Miro, espero. Nadie se aproxima a abrir. Tres señores conversan debajo de un árbol. Les hago una seña, uno se acerca. Lleva una remera con una inscripción: Argentina Trabaja. Le solicito entrar. – No soy el portero. Ya se lo llamo, dice con amabilidad.
Ingreso a la escuela. En el patio los árboles se enraman entre sí y con algunas enredaderas florecidas, un niño duerme la siesta a un costado sobre el piso de tierra.
Desde el pasillo de atrás, una maestra levanta la mano y me saluda -Hola Carina!
La escuela recibe poblaciones carecientes, niños provenientes del caserío situado detrás de la callecita empedrada. Esta es una Escuela Nina y también está en el programa PIIE.
Me acerco a la dirección, una ventana deja ver el paisaje y el río. La directora me recibe allí. Se acerca un auxiliar. Como si las palabras llevaran un pulso diferente al paisaje que nos envuelve, me cuentan inquietudes y preocupaciones cotidianas.
Comentan sobre el concurso de oposición para directivos, la arbitrariedad de la evaluación, las diferencias en lo que “les tomaron” a unos y a otros. Esta escuela es Nina – extensión de jornada- y “estos cargos no se concursan”, no obstante algunos docentes participan del mismo.
La conversación deriva en un episodio de trascendencia mediática que afectó a la escuela la semana anterior. Cuando el “maestro” de música quiso besar a una colega y ante su negativa, entro en furia partiendo la guitarra a golpes contra el escritorio. -La directora no estaba ese día en la escuela. Llamaron a la policía. Ahora él está internado en el psiquiátrico.
Observo y escucho. Entiendo una vez más, que mi tarea también puede ser acompañar, mirar, leer, permitir, posibilitar esa palabra que necesita ser atendida. Escuchar…
Me cuentan el problema con “los murciélagos, tantas notas y sigue sin resolverse”. “También estamos esperando los arreglos de infraestructura. Me prometieron. Ahora acá están construyendo aulas para la secundaria, y bueno, nos quedamos sin el patio de atrás. “
Caminamos, hasta la reja. En un sitio los barrales están entreabiertos como dejando un hueco – “los chicos se escapan por ahí “-, me dicen. Empiezo a sentir octubre en mi espalda. Supongo que, para quienes allí trabajan, la mochila es aun más pesada. Pregunto por la extensión de jornada, si es posible me interesaría ver cómo trabajan. Se genera un silencio confuso. Vamos hasta la secretaría.

-“¿Hay algún taller de los Nina, hoy? ” (un directivo a otra docente)
-“Y. Por la mañana tenemos tres: el de juego, banda rítmica y atletismo.”
-¿Puedo ver cómo trabajan? Pregunto.
-“Hoy no vino la de juegos, sacó licencia.”
-¿y banda rítmica?
-“Renunció el idóneo y no tenemos suplente. Ese taller no se está dando. Vino alguien a averiguar, pero no quiso tomarlo, que es poca plata el contrato.”
-¿Y los chicos?, ¿hacen otra actividad?
-“No. No vienen. Vienen a mediodía directamente.”
Otra persona se acerca. Me presentan. Ella da el taller de atletismo.
-Hoy no vinieron los chicos. Me cuentan la dificultad para trabajar. -“No tenemos los materiales. Hicimos jabalinas con cañas, y pelotas de trapo. Pero quedaron en la escuela y alguien se las llevó. Y los chicos ya no quieren traer más cañas. Tampoco podemos seguir trabajando con cajas para salto en alto.”
Agregan que en el mes de abril el responsable de extensión de jornada le informó que había llegado el dinero, pero hasta ahora “no recibimos nada.” La escuela es Nina hace dos años, agrega. Sus caras muestran desconfianza.
-“La propuesta de hacer talleres está bien, pero no sé…”
-“Al de teatro los chicos se le escapan, continúa. No los sabe contener, éstos son chicos hiperactivos y él les pide que cierren los ojos e imaginen situaciones. Tuve que intervenir yo, los pibes me guiñaban el ojo y se le reían.”
-¿es docente? pregunto.
-“No, idóneo.”
Otra docente trae unos papeles, me los muestra. Son libretas de calificaciones. “Nosotros hicimos nuestra propia libreta. Mirá y decinos si está bien. Ésta, es una libreta de los talleres. No está claro si hay que evaluarlos, ni cómo. Nadie sabe. Ya le preguntamos al supervisor, pero no está definido desde arriba. Si no los evaluamos, no vienen”.
No se escuchan ruidos ni movimientos. Sólo en biblioteca un grupo de alumnos con su maestra. Les comento que en un curso que compartimos, algunas maestras de esta escuela hacen aportes muy interesantes y sería bueno potenciarse. Conversamos acerca de la formación, la necesidad de repensar la propuesta integral de la escuela y revisar los talleres en términos de políticas culturales para la infancia: ¿Qué propuesta educativa queremos ofrecer? ¿qué estamos haciendo?

Encerrona

Hay palabras que no dejan inalterada la percepción que tenemos de nuestra propia existencia, ni la responsabilidad que asumimos como educadores. Hay situaciones y sensaciones que interpelan nuestra propia vida. Es por esto que relato lo que acabo de contar. Recuerdo las palabras de una maestra- “los papás están sacando los chicos de la escuela. No los quieren mandar más”. Camino de regreso, me siento desolada.
El candando, las rejas, ese agujero entre los barrotes por el que los chicos que se escapan…La escuela encerrada. Ese lugar del que se ausentan niños, maestros y conocimientos. Sin propuestas que convoquen al pensamiento y la curiosidad. Sin verdaderos espacios de formación: artística, literaria, científica, técnica.el tiempo escolar se convierte en ese vacío. Encierro y vacío. Un encierro permeado por lógicas ajenas a lo escolar, un vacío cada vez mas lleno: metas, planes, programas, técnicas y artilugios. No logran revertir, no obstante las dificultades manifiestas en el segundo ciclo. Docentes expropiados del saber hacer, tal vez desangrándose, pero sin poder responder frente a situaciones inéditas. Y el tiempo infantil, colonizado por actividades plagadas de sinsentido ¿es acaso ése el agujero por el cual se escapan los deseos de permanecer en la escuela?
Como se sabe la experiencia es siempre singular, situada, concreta. Se podrá señalar que hay otras, que abren tal vez otras posibilidades.No lo dudo. Este relato intenta apenas, visibilizar la situación de desprotección, el lugar de desidia en que muchas veces rebotan las mejores propuestas, los efectos de las políticas mediados por consensos, inoperancias, dificultades para leer el acontecer. La falta de recursos y de encuadres claros. Violencias secretas que nos envuelven cotidianamente.
De este modo, una política pública ideada para reponer derechos vulnerados, puede derivar en nuevas formas de regulación y segregación al interior del sistema escolar.

III – “Más tiempo, mejor escuela”. Condiciones de posibilidad

La ampliación de la jornada para las escuelas primarias fue establecida por la Ley de Educación Nacional (26.206).El Consejo Federal de Educación resolvió inscribirla como meta en el marco de las políticas de mejora progresiva de la calidad en las condiciones de escolaridad, el trabajo docente, los procesos de enseñanza y los aprendizajes e implementar para la Educación Primaria, “la puesta en marcha de modelos pedagógicos de jornada extendida y/o completa”
La escolarización en tanto práctica para construir una sociedad más justa, supone la esperanza en la escolarización para producir una diferencia respecto del punto de partida, una diferencia que amplíe el horizonte de posibilidades en la vida de los niños.
Que el Estado restituya un derecho allí donde un niño no dispone de condiciones materiales o simbólicas para fortalecer sus aprendizajes, es un objetivo deseable. Extender la jornada escolar – cumplir con la ley- podría ser una oportunidad para inventar otros modos de vinculación al saber, abrir caminos de tiempo, experiencias que enriquezcan el formato escolar, propuestas formativas y recreativas diversas.
Ofrecer otros tiempos y otros modos de incluir a las nuevas generaciones en lenguajes y desafíos culturales que habiliten mejores formas de integración y democratización social.
La extensión de jornada, según los lineamientos nacionales “no se trata de un proyecto coyuntural, sino que se inscribe en los sentidos político- pedagógicos que señalan un nuevo horizonte para la escuela primaria argentina.”
En tal sentido, siguiendo los documentos: “Nos ponen frente a los desafíos de: repensar las cualidades de la experiencia escolar; fortalecer y producir modelos pedagógicos y organizacionales que potencien la enseñanza y el aprendizaje en contextos de diversidad (culturales, de ritmos de apropiación, etcétera); fortalecer las trayectorias escolares de los niños y las niñas a partir del despliegue de estrategias institucionales y mejores condiciones de enseñanza.”
En nuestra provincia- Entre Ríos- esto se da en un entramado complejo: la extensión de la jornada escolar (escuela Nina) toma forma como adición de horas complementarias a la jornada simple. Esta adición de tiempo supone una serie de actividades “no formales”3- talleres- definidos a nivel institucional. Como el relato inicial permite advertir los mismos se desarrollan sin un encuadre claro que los enmarque en la propuesta curricular provincial, ni en un marco de pautas comunes para este conjunto de escuelas. No hay prescripciones que unifiquen criterios respecto de ciertos modos de trabajo y de evaluación de estos espacios.
Escena que suma complejidad a su vez, por la condiciones de contratación de talleristas -algunos idóneos, sin título docente. Acceden al cargo por presentación de proyectos. Éstos últimos no siempre resultan socialmente significativos en términos de saberes para la socialización, el desarrollo de habilidades o conocimientos cuya profundización, aportaría a potenciar aprendizajes en los diferentes espacios curriculares, ni son articulados al proyecto integral del la escuela.
Los talleristas en su carácter de idóneos no siempre están en condiciones de asumir el desempeño docente, ni de contener niños provenientes de sectores populares, o de atender a los específicos modos de relación entre ellos y con las pautas que impone la escuela. Por lo que algunos talleres terminan perdiendo matricula.
Por otra parte, los cargos directivos de estas escuelas no ingresaron en el concurso 2013, de tal modo, los directores no son, ni necesariamente serán los más y mejor preparados.
¿A dónde van a parar los propósitos democratizadores para con las infancias más desprotegidas? Las mejores intenciones naufragan cuando la política no construye condiciones efectivas para el desarrollo de las mismas. Cuando el o los que desertan o se escapan entre las rejas, no sólo son los chicos.
Para la implementación de cualquier propuesta es necesario generar las condiciones de posibilidad. En este caso se requiere de infraestructura adecuada, materiales específicos para el desarrollo de talleres, una real mejora en la situación laboral y salarial docente, el tiempo necesario para pensar integralmente la propuesta escolar, acompañamiento, ideas, inteligencia al servicio de la formación.
Los equipos directivos y docentes podrán tomar en sus manos la revisión de la propuesta formativa de la escuela. Tienen responsabilidad por la enseñanza y podemos acompañarlos en las discusiones de modo que el tiempo ampliado cobre sentido, podremos apoyar un trabajo colectivo que apunte a redefinir la extensión en términos de aprendizajes valiosos.
Es evidente que ni los docentes, ni los especialistas, hemos sabido construir una escena escolar acorde a modos inéditos de heterogeneidad social y cultural presentes en nuestras escuelas.
De todos modos, la implementación de una política de tal magnitud no puede quedar librada a las posibilidades y restricciones de las decisiones escolares. El paso de las políticas de sistema a las políticas institucionales, encubre la desaparición de lazos colectivos de contención y cuidado, así como se corre del horizonte la posibilidad de construcción de sociedades más igualitarias a través de la educación (Pineau: 2007)
A la vez, se convalidan nuevas formas de diferencialismo y fragmentación al interior del sistema escolar.
Frente al compromiso con las metas firmadas, se deben garantizar los recursos materiales e intelectuales, dando encuadres normativos precisos, respetando la carrera docente, tomando en cuenta los cuidados necesarios que supone el trabajo con niños, revisando lo que muestra limitaciones, tomando a tiempo las decisiones pertinentes.
Es necesario barajar y dar de nuevo. El desafío no se reduce en adicionar horas de escuela sino en mejorar las propuestas formativas. Extender la jornada escolar podría ser un desafío no solo cuantificable si nos animáramos a incluir nuevas formas escolares de integración que permitan reducir las brechas que separan con tanta distancia a unos fragmentos de otros. (Brener: 2012).

El cuidado para con la infancia:

Enseñar es una de las formas más bellas del cuidado y del amor por los nuevos. El modo en que las sociedades se responsabilizan por la continuidad de lo humano en el mundo y el modo en que como adultos, respondemos por ellos.
Sin una propuesta pedagógica que incorpore a todos y cada uno los chicos en un diálogo efectivo con los conocimientos de la cultura contemporánea, y más aun, sin maestros…( en un doble sentido: si los maestros se ausentan no hay encuentro pedagógico, pero también dejando la educación de los niños a cargo de quienes no son docentes) nuestras infancias quedan, una vez más expuestas a situaciones de vulnerabilidad y renegación de derechos.
¿Cuáles son nuestras responsabilidades para con la infancia? ¿A quiénes encomendamos la educación de nuestros chicos? ¿Cómo garantiza el Estado la pertinencia de la formación ofrecida? ¿En qué espacios – tiempos es posible abrir el mundo cercano a la posibilidad de aprendizajes enriquecidos? ¿Contribuyen estas condiciones a mejorar las posibilidades formativas de estas infancias o por el contrario, las banalizan? ¿Qué infancias son las que siempre reciben lo más apocado, lo más empobrecido en el reparto de bienes materiales y culturales? ¿A dónde quedan los sueños y las acciones en pos de construir una sociedad menos injusta, a través de la educación?

Freire, en Cartas a quien pretende enseñar:

“Ninguna Nación se afirma fuera de esa loca pasión por el conocimiento, sin aventurarse, plena de emoción en la constante reinvención de sí misma, sin que se arriesgue creativamente. Ninguna nación se afirma sin el perfeccionamiento de su cultura, de la ciencia, de la tecnología, de la
enseñanza…”.

Paraná, 21 de octubre de 2013

Así se presentó en notas periodísticas durante el lanzamiento y esto continúa pregnando el imaginario de los directivos- docentes.
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1 Response

  1. Martina

    Extraordinario!!! recorrer, en estas lineas, textos que se entrelazan, “La Poquedad”, “la educación como derecho”… ese bendito concepto de “Intemperie” que retoma Pineau… mil imagenes…
    Es fiel reflejo de muchas realidades que debemos repensar y de la cual noa tenemos que ocupar.

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