Candela Zubillaga, estudiante de Ciencias de la Educación, realiza una estancia de movilidad estudiantil en la capital uruguaya a través del Programa ESCALA de la Asociación de Universidades Grupo Montevideo. Entre nuevas lecturas, experiencias territoriales y aprendizajes cotidianos, comparte cómo vive esta oportunidad de formación.
Estudiar el Profesorado en Ciencias de la Educación en la FCEDU-UNER le permitió a Candela Zubillaga acceder a una experiencia internacional de intercambio académico, la que actualmente transita en Montevideo, República Oriental del Uruguay, en el marco del Programa ESCALA de la Asociación de Universidades Grupo Montevideo (AUGM) que nuestra Universidad integra.
La decisión de participar de esta estancia de movilidad estudiantil comenzó a gestarse desde sus primeros años en la Facultad. “Desde que me inscribí a la carrera supe de estas oportunidades de intercambio y siempre dije: ‘Voy a hacerlo’. Me motivaba esto de vivir una experiencia por primera vez en otro lugar, en otro país. Conocer cómo es la vida, la producción de conocimiento, de enseñanza y aprendizaje y de relaciones en otras universidades”, cuenta.
Además de la posibilidad de conocer otro país y otra institución, la estudiante buscaba experimentar una dinámica universitaria diferente a la que vive cotidianamente en la FCEDU. Acostumbrada a una facultad pequeña, donde los vínculos entre docentes y estudiantes son cercanos y las trayectorias se entrecruzan permanentemente, sentía curiosidad por conocer otras formas de habitar la universidad. Ya avanzada en la carrera, entendió que era el momento oportuno para concretar ese proyecto.
Las primeras semanas en Montevideo estuvieron atravesadas por sensaciones intensas. “Se mezclaba la ansiedad y la emoción que una tiene por recorrer y conocer los lugares donde va a vivir por un tiempo y a la vez con el miedo, la incertidumbre de sentirte un poco insegura, porque realmente no sabés dónde estás parada”, recuerda.
Su llegada fue vertiginosa: arribó un viernes y el lunes ya comenzaba a cursar. Entre recorridos nuevos, trámites y la necesidad de ubicarse en una ciudad desconocida, también fue construyendo redes con otras personas que atravesaban experiencias similares, lo que volvió más ameno el proceso de adaptación.
Entre los principales desafíos, dentifica la necesidad de acostumbrarse a los ritmos de Montevideo y apropiarse poco a poco de los espacios cotidianos que hoy forman parte de su vida. Sin embargo, asegura que gran parte de los temores que tenía antes de viajar resultaron en dificultades menos complejas de lo imaginado. El acompañamiento de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República, y el de la FCEDU, fueron fundamentales para transitar esa etapa con tranquilidad.
Actualmente, cursa las asignaturas Filosofía de la Educación y Educación, Pedagogía y Política. También participa del proyecto de extensión Política y Territorio, una propuesta que trabaja en distintos barrios de la periferia de la capital de Uruguay. “Estamos yendo a diferentes barrios de las periferias de Montevideo para hacer un acercamiento al territorio, conocer los actores y demás. También estoy conociendo algo fuera del aula, que me llama mucho la atención y me encanta”, señala.
En cuanto a la experiencia académica, destaca varias similitudes con las dinámicas de la FCEDU. “No es muy diferente a cómo se desarrollan las clases en Paraná. Somos un poco más de personas cursando, pero las clases son muy participativas. Los profes también te reconocen enseguida”, explica.
No obstante, la movilidad le permitió acercarse a perspectivas teóricas que hasta ahora no había explorado en profundidad. El contacto con autores y autoras vinculados al pensamiento decolonial, las discusiones sobre racialización y colonialidad, así como la posibilidad de asistir a una conferencia de Walter Mignolo, ampliaron significativamente sus horizontes de formación. Estas experiencias, señala, le permitieron conocer otros modos de pensar la filosofía, la pedagogía y las relaciones con el conocimiento.
Pero los cambios más profundos no se limitan al plano académico. “En mi trayectoria personal, realmente esto me cambió. Vine siendo una persona y acá me estoy transformando en otra”, afirma. Vivir sola por primera vez, lejos de su familia y de sus espacios habituales, se convirtió en una experiencia de crecimiento constante. “Todos los días aprendo y todos los días es conocer algo nuevo y relacionarme con gente nueva y leer cosas nuevas. Entonces estoy muy contenta en ese aspecto”, agrega.
Al momento de aconsejar a quienes evalúan postularse a una experiencia de movilidad, Candela no duda: anima a hacerlo. Reconoce que antes de viajar convivió con miedos e incertidumbres vinculados al dinero, el transporte, la comunicación y la distancia, pero sostiene que la experiencia termina siendo mucho más enriquecedora que cualquiera de esos escenarios imaginados. También recomienda informarse previamente sobre la universidad de destino, sus modalidades de enseñanza y evaluación, y organizar con anticipación cuestiones prácticas como seguros, documentación y alojamiento. Una preparación cuidadosa, asegura, permite aprovechar plenamente una oportunidad que transforma tanto la formación académica como la trayectoria personal.




