Andrea Eletti, en primera persona

Publicado el: 2 junio, 2026 Última actualización: junio 4, 2026

Cantora de música popular y productora independiente con recorrido por escenarios de todo el mundo, la egresada de la Tecnicatura en Gestión Cultural Andrea Eletti repasa su trayectoria artística, su paso por la universidad pública y las experiencias de gestión que desarrolló en el territorio, en primera persona.

Desde los escenarios del tango hasta los proyectos comunitarios en territorio, Andrea Eletti construyó un recorrido en el que el arte, la gestión cultural y el compromiso colectivo se entrelazan de manera permanente. Cantora de música popular, productora y egresada de la Tecnicatura Universitaria en Gestión Cultural de la Facultad de Ciencias de la Educación de la UNER, encontró en la universidad herramientas para fortalecer una práctica que ya venía desarrollando desde hacía años y para reafirmar una convicción que atraviesa toda su trayectoria: los proyectos más significativos siempre se construyen junto a otros.

Mucho antes de ingresar a la carrera en 2018, Andrea ya desarrollaba una intensa actividad artística. Como cantante de tango y música popular construía de manera independiente su carrera como solista en la ciudad de Santa Fe, al tiempo que integraba un coro profesional dependiente de la Secretaría de Cultura municipal. Esa experiencia la llevó tempranamente a involucrarse en la producción de sus propios proyectos.

“Desde que empecé con el deseo de construir una carrera como solista en la música popular, tuve que aprender muchas cosas ‘a los ponchazos’. Fui abriendo e indagando en mí misma esa creatividad, esa energía y ese empuje que tenía para impulsar mis propias producciones. No sólo recitales de tango, sino también puestas en escena con múltiples lenguajes vinculados al tango y a la música popular. Entre esas producciones estuvieron el tango, la historia, propuestas escénicas que integraban danza —tango tradicional y contemporáneo—, flamenco y teatro. En ese proceso fui descubriendo una gran pasión por la producción y por la gestión. Pero también había algo más: una fuerte pulsión por el trabajo colectivo”, rememora.

Esa búsqueda artística estuvo siempre acompañada por una fuerte participación en espacios comunitarios, vinculados a la defensa de los derechos humanos y de la cultura. “Tenía mis conciertos, algunos más íntimos, otros en quinteto o en dúo. Podía presentarme tanto en un bar como en un teatro, pero siempre sentía esa necesidad de trabajar con muchos artistas arriba del escenario, de producir en conjunto. A la par, siempre tuve una vocación muy fuerte por la militancia en el territorio, por los derechos humanos y por la defensa de la cultura. Todo eso me impulsó a estudiar Gestión Cultural. La carrera me abrió un universo académico que estaba buscando. Yo ya venía trabajando en el territorio, participando en espacios comunitarios y liderando algunos procesos de producción artística, pero la universidad me brindó una mirada académica necesaria: autores, marcos teóricos y nuevas experiencias”.

Durante los años de cursada continuó desarrollando su carrera artística y produciendo de manera independiente sus proyectos musicales. La edición de discos, la búsqueda de financiamiento, la organización de giras y la coordinación de equipos de trabajo formaban parte de una práctica cotidiana que dialogaba constantemente con los contenidos de la carrera. En ese proceso también encontró un grupo humano que resultó fundamental para transitar la formación. Su grupo de estudio, al que bautizaron Cambalache, se convirtió en un espacio de aprendizaje colectivo y de acompañamiento permanente.

Gracias a ese recorrido artístico pudo llevar el tango a distintos escenarios de Europa, Latinoamérica, China y Estados Unidos. Al mismo tiempo, participó activamente en las luchas impulsadas por trabajadoras de la cultura para promover la igualdad de género en el sector. Formó parte de los debates que desembocaron en la ley de cupo femenino en los escenarios y luego integró el espacio Trabajadoras de la Cultura, desde donde impulsaron una ordenanza local que ampliara la perspectiva de paridad para todas las disciplinas artísticas. Para Andrea, la universidad fue clave para reconocer que, además de cantante y productora, también era una gestora cultural con herramientas para intervenir en esos procesos.

“Apenas me recibí, junto a algunas compañeras de mi grupo de estudio -María Rita Flores y Silvia Corti- llevamos adelante nuestro primer proyecto en territorio. Fue en Santa Rosa de Calchines, donde organizamos el Primer Encuentro de Mujeres Rurales, en 2021, en plena salida de la pandemia. Durante varios meses viajábamos una vez por semana para trabajar con la comuna y vincularnos con las mujeres del territorio: emprendedoras, agricultoras, productoras, docentes y vecinas que forman parte de esa comunidad de alrededor de once mil habitantes. Nuestro objetivo era visibilizar el rol de la mujer rural. Para eso hicimos un trabajo profundo: escuchar, recuperar memorias, identidades e historias que luego se transformaron en los contenidos del encuentro. El evento se desarrolló en dos jornadas y tuvo múltiples actividades como paneles, conversatorios, intervenciones artísticas y espacios de reflexión”.

Entre las actividades más recordadas de aquella experiencia destaca la muestra fotográfica “Mujeres rurales, mujeres reales”, realizada en el museo local. La propuesta recuperó las historias y rostros de mujeres de la comunidad y logró reactivar un espacio patrimonial que permanecía prácticamente cerrado. La convocatoria superó ampliamente las expectativas iniciales y convirtió al encuentro en una experiencia de gran impacto para la localidad.

“Cada uno de estos proyectos marcó profundamente mi camino como gestora cultural. Nada de eso habría sido posible sin el recorrido académico, intelectual y humano que tuve en la universidad. La carrera reafirmó algo que yo ya venía sintiendo desde mi experiencia artística: que los sueños son colectivos. Podría haber elegido una carrera completamente individual como solista, pero siempre me interesó crear proyectos colectivos, compartir el escenario y construir con otros. Esa mirada comunitaria de la gestión cultural se fortaleció en la universidad, no solo por los contenidos sino también por la forma en que se construyó el aprendizaje. Hubo un acompañamiento humano muy fuerte de docentes y compañeros”, expresa.

Ese compromiso con la cultura como derecho también la llevó a participar, años más tarde, en las audiencias públicas convocadas durante el proceso de reforma constitucional de la provincia de Santa Fe. Como integrante de colectivos culturales impulsó propuestas vinculadas al reconocimiento de los derechos culturales, entendidos como derechos humanos fundamentales que garantizan la participación activa de las comunidades en la producción y transmisión de saberes, memorias e identidades. “En ese proyecto también propusimos la promoción y protección del patrimonio cultural material e inmaterial, la garantía de archivos, documentos y sitios de memoria, y el reconocimiento de la diversidad cultural y del diálogo intercultural. Muchos de esos planteos fueron incorporados al nuevo articulado constitucional. Para nosotros, como colectivo cultural ‘Cultura de Pie’, fue un paso importante que la Constitución reconozca las identidades, la diversidad cultural y los sitios de memoria como parte fundamental del patrimonio de la provincia”, señala.

Actualmente, Andrea continúa desarrollando su carrera musical desde una mirada que pone en diálogo el tango con el cancionero popular argentino y latinoamericano. En los últimos años impulsó proyectos dedicados a recuperar la obra de compositoras y cantautoras que desafiaron los estereotipos de género en la música. Entre ellos se encuentra Las mujeres de mi vida, un espectáculo centrado en autoras como Marilina Ross, Silvina Garré, Teresa Parodi, María Elena Walsh y Eladia Blázquez.

En 2026 presentó, además, Como la Cigarra, una propuesta artística que revisita la obra musical, poética y periodística de María Elena Walsh. El espectáculo recupera canciones emblemáticas, poemas, cartas y textos periodísticos para reflexionar sobre los derechos humanos, la igualdad y el lugar de las mujeres en la cultura argentina. Para Andrea, volver a la obra de Walsh significa recuperar una voz imprescindible para pensar el presente y acercar su legado a nuevas generaciones.

En un contexto atravesado por debates sobre el financiamiento del sistema universitario, Andrea considera fundamental defender la educación pública como un derecho colectivo: “La universidad pública y gratuita es un patrimonio de todos. Mi paso por la universidad me reafirmó que el saber se comparte, que el conocimiento tiene que circular y que la educación pública es una herramienta fundamental para construir una sociedad más justa. Estoy profundamente agradecida por la experiencia que tuve en la carrera de Gestión Cultural”.

Andrea Eletti, en primera persona
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